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Chapter 55

Epílogo Extendido


Epílogo Extendido

Rowan

—¡Éste, papá! —Ailey golpea el libro contra mi pecho, antes de saltar sobre su cama. Su vestido de pijama de Princess Cara se hincha a su alrededor, y su pelo oscuro vuela hacia sus ojos marrones. Se aparta las ondas de la cara.

No necesito mirar el libro para saber cuál ha elegido. Es el mismo libro que elige cada noche antes de acostarse.

La arropo antes de tomar asiento en el borde. —¿Estás segura de que no quieres elegir otro? —Le pongo el libro que he creado delante de ella.

—¡No! ¡Quiero oír hablar de ti y de mamá! —Tiene la misma sonrisa que Zahra, y me calienta el pecho hacer sonreír así a mi hija.

Nunca pensé que un regalo que diseñé para la luna de miel de Zahra tendría un impacto tan duradero. Ailey me pide que le lea el libro ilustrado cada semana como un reloj, y me llena de orgullo saber que ama mi trabajo, tanto como su madre.

—Bien, pero sólo un cuento. Hoy te has levantado mucho después de tu hora de dormir. —No quiero perderme el espectáculo de fuegos artificiales con Zahra. Es nuestra tradición nocturna verlos desde el porche.

—¡Lo prometo!

Eso fue más fácil de lo que pensaba. Siempre me pide que le lea al menos tres cuentos antes de acostarse, y yo cedo siempre. Me encanta su único hoyuelo y sus grandes ojos marrones.

Le doy un suave beso en la frente antes de abrir el libro, por la primera página que he dibujado. —Había una vez un hombre triste que recibió una carta de su abuelo.

—¿Y luego qué? —Ailey sonríe como si no conociera toda la historia de principio a fin.

Leo las siguientes páginas explicando quién era, y qué tenía que hacer.

Toda la cara de Ailey se ilumina, cuando paso la página a un dibujo de Zahra abriendo la puerta del auditorio. Me dibujo en un rincón oscuro, mirándola como un idiota enfadado.

—¡Es mamá! —Se ríe—. Estás enfadado con ella.

Me río para mis adentros. —Me ponía de mal humor cuando mamá no seguía las reglas.

—¡Boo! No me gustan las reglas.

—Definitivamente eres la hija de tu madre. —Le doy un golpecito en la nariz arrugada con una sonrisa.

Continúo leyendo el cuento. Los ojos de Ailey se cierran lentamente mucho antes de lo que esperaba, probablemente debido a nuestro largo día en el parque, por el cumpleaños de Ani.

Le doy a Ailey un beso en la cabeza, antes de apagar la lámpara de su cama y salir de su habitación.

Salgo a la refrescante noche de enero.

—¿Ya está dormida? —Mi esposa apaga la luz de su libro antes de cerrarlo.

Tomo el libro de su regazo y lo coloco en otra silla.

—Se ha dormido antes de que llegara a su parte favorita. —Tomo asiento en el columpio y la arrimo contra mi costado. Ella se adelanta unos centímetros para que pueda rodearla con mi brazo, y apoyar mis manos en su bulto. Si tengo suerte, puedo sentir al pequeño patear una vez que los fuegos artificiales se apagan, para el espectáculo de esta noche. Siempre está muy activo durante ellos.

—Quizá sea hora de que hagas una versión actualizada, para que pueda leer sobre ella y su hermanito. —Zahra me da una palmadita en la mano.

Le acomodo el cabello detrás de la oreja, antes de besar su hombro.

—Me pondré a trabajar en ello mañana.

—La mimas.

Me encojo de hombros. —No hay nada malo en ello.

Me mira. —¿De verdad? Justo la semana pasada, cerraste Princess Cara´s Castle, mientras tomabas el té con Ailey. Se te está yendo de las manos.

—Sólo fue durante una hora.

—¡En un sábado en plena temporada alta! —Zahra se ríe, haciendo vibrar su vientre contra mis manos.

—No veo un problema aquí, cuando somos dueños del parque.

Mueve la cabeza. —Recuerda mis palabras. Ella nunca va a encontrar un hombre que se acerque a ti.

Suelto una risa baja. —Es casi como si ese fuera el punto.

Zahra se ríe hasta limpiarse las comisuras de los ojos. —Debería haber adivinado que serías así.

—¿Ridículamente increíble? —Inclino su barbilla para poder besar sus labios.

—No. —Ella sonríe contra mis labios.

—¿Ridículamente imposible?

Niega con la cabeza y termino besando su mejilla.

—Negativo. Pero casi.

—¿Ridículamente enamorado?

Ella sonríe contra mis labios. —Eso es.

Beso a Zahra con todo el afecto que siento hacia ella. Soy un imbécil con suerte que se casó con la mujer que conoce todos mis defectos, y me quiere a pesar de ellos. Zahra es mi mejor amiga y mi único amor. La mujer a la que espero besar cada mañana, y la última persona a la que quiero ver antes de cerrar los ojos por la noche. La madre de mis hijos y la persona con la que espero ver los fuegos artificiales de Dreamland cada noche hasta que ambos seamos viejos y canosos.

Ella me dio una segunda oportunidad en la vida, y pienso aprovecharla al máximo con ella el resto de mis días.

Fin