Capítulo 45
Presente
Lunes, 1 de enero
Traducido por Nea
Corregido por ♡Herondale♡
Editado por Mrs. Carstairs~
Elliot se sienta, con los ojos vidriosos, y mira fijamente por la ventana de mi habitación.
Veo que todo pasa por encima de él: el horror, la culpa, la confusión, la realización de que mi padre murió el día después de que Elliot me engañara, que papá venía a buscarme porque había estado muy alterada y no había llamado, que el último día que vi a mi padre fue hoy hace once años... y durante muchos años, he culpado a Elliot por ello.
Sus fosas nasales se agitan y parpadea, con la mandíbula tensa.
—Oh, Dios mío.
—Lo sé.
—Esto... explica. —Elliot sacude la cabeza, clavando una mano en la parte delantera de su cabello—. Por qué no me llamaste.
En voz baja, le digo:
—No estaba pensando con mucha claridad, después de… no podía... separarte a ti. Y a eso.
Soy tan mala con las palabras.
—Mierda, Macy. —Se da la vuelta y me atrae de nuevo a sus brazos, pero es diferente.
Más fuerte.
He tenido más de una década para lidiar con esto; Elliot ha tenido dos minutos.
—Cuando me paraste fuera de Saul’s —le digo en su camisa—, ¿y me preguntaste cómo estaba Duncan?
Él asiente contra mí.
—No tenía ni idea.
—Pensé que lo sabías —le dije—. Pensé que te habrías enterado... de alguna manera.
—No teníamos a nadie más en común —dice en voz baja—. Fue como si hubieras desaparecido.
Asiento con la cabeza y él se tensa. Parece que se le ocurre algo.
—Todo este tiempo no anduviste por ahí pensando que yo me acosté intencionalmente con Emma, sabía que tu padre había muerto, y no me importaba, ¿verdad?
Intento explicar lo mejor posible la confusión de mi lógica en ese momento.
—No creo que realmente lo haya pensado así: que no te importaba. Sabía que estabas tratando de llamarme. Sabía, racionalmente, que me querías. Pero pensé que tal vez tú y Emma tenían algo más de lo que me habías contado. Me sentí avergonzada y con el corazón roto...
—No tuvimos nada —dice con urgencia.
—Creo que fue Christian quien dijo que ustedes dos se enrollaban a veces...
—Macy —dice Elliot en voz baja, cogiendo mi cara para que le mire—. Christian es un idiota. Sabías todo lo que pasaba entre Emma y yo. No había ninguna otra cosa secreta.
Quiero decirle que, en verdad, todo esto no significa nada ahora, pero puedo ver que, para él, no lo es. Su intención lo es todo.
Entrecierra los ojos, todavía se esfuerza por comprender todo esto.
—Andreas dijo que te vio el siguiente verano. Viniendo aquí con tu padre.
Sacudo la cabeza, hasta que me doy cuenta de lo que quiere decir.
—Era mi tío Kennet. —Sorbo, limpiando mi nariz de nuevo—. Fuimos a empacar nuestras cosas y a guardarlas. —Miro a nuestro alrededor, a la familiar pintura, ahora raída, de las paredes, recordando cómo no quería mover ni una sola cosa. Quería dejarlo exactamente como era, un museo—. Esa fue la última vez que estuve aquí.
—Estuve en casa ese verano —susurra—. Todo el verano. Pasé todos los días buscándote. Me pregunté cómo podía haberme perdido el momento en que viniste.
—Llegamos tarde. Dejamos las luces apagadas. —Incluso ahora, suena completamente ridículo cómo nos colamos como ladrones, usando luces de linternas para conseguir lo que lo que necesitábamos. Kennet pensó que había perdido la cabeza de nuevo—. Me preocupaba encontrarme contigo.
Elliot se retira, con la boca hacia abajo. Odio que esto esté abriendo viejas heridas, pero odio aún más que esté creando nuevas.
—Quizá «preocupada» no sea la palabra adecuada —corrijo, aunque sé que incluso en retrospectiva no lo es, tuve un ataque de pánico la noche antes de que Kennet y yo nos montáramos al coche para venir aquí, y no podía soportar la idea de que Elliot me viera así—. En el primer año después de la muerte de papá, en Tufts había encontrado esta especie de lugar tranquilo y calmado —digo murmurando—. Quizá habría corrido a tus brazos. Pero me preocupaba que estuviera enfadada o triste. En cambio, era mucho más fácil no sentir nada.
Se inclina, apoyando los codos en los muslos, con la cabeza entre las manos. Alcanzándolo, froté su espalda, haciendo pequeños círculos entre sus omóplatos.
—¿Estás bien? —pregunto.
—No. —Se da la vuelta y me mira por encima del hombro, dedicándome una débil sonrisa para quitarle importancia a su respuesta, y luego su rostro palidece mientras me mira fijamente. Puedo ver la comprensión que le invade de nuevo.
—Mace. —Su cara cae—. ¿Cómo puedo decir que lo siento? ¿Cómo puedo...?
—Elliot, no…
Se levanta como un rayo y sale corriendo de la habitación. Me levanto para seguirlo, pero la puerta del baño se cierra de golpe seguido del sonido de las rodillas de Elliot aterrizando en el suelo y vomitando.
Aprieto mi frente contra la puerta, escuchando la cisterna, el grifo abierto, su silencioso gemido.
—¿Elliot? —Mi corazón se siente como si lo hubieran apretado dentro de un puño.
—Solo necesito un minuto, Mace, lo siento, ¿solo dame un minuto?
Me deslizo por la pared, haciendo guardia fuera del baño, escuchándolo, vomitando de nuevo.
❀~✿ ❀~✿ ❀~✿ ❀~✿
Me despierto bajo las sábanas, en mi cama, sin recordar cómo he llegado hasta aquí. La única respuesta es que me quedé dormida en el suelo del pasillo y Elliot me llevó a la habitación, pero el otro lado de la cama parece intacto, y a él no se le ve por ningún lado.
Una tos apagada proviene del closet, y el alivio me calienta las extremidades. Todavía está aquí. Hace frío, y arrastro el edredón conmigo fuera de la cama, espiando dentro. Elliot está tumbado en el suelo, con las manos detrás de la cabeza y las piernas cruzadas a la altura de los tobillos, mirando las estrellas agrietadas y descoloridas. Todavía se abarca todo el largo de la habitación. Hace años que no entro aquí, y me parece diminuto. Me asombra cómo solía sentirse como un mundo entero, un planeta dentro.
—Hola, tú —dice, sonriendo hacia mí. Sus ojos están inyectados en sangre, la nariz roja.
—Hola. ¿Te sientes mejor?
—Supongo. Aunque todavía me siento mal. —Da unas palmaditas en el suelo a su lado—. Ven aquí. —Su voz es un gruñido tranquilo—. Ven aquí conmigo.
Me acuesto junto a él, acurrucándome en su pecho cuando me rodea con un brazo y me aprieta.
—¿Cuánto tiempo estuve dormida? —Le pregunto.
—Un par de horas.
Siento que podría dormir durante otra década, pero al mismo tiempo, no quiero perder un solo segundo con él.
—¿Hay algo más que tengamos que contarnos? —pregunto, levantando la vista hacia él.
—Estoy seguro de que lo hay —dice—, pero ahora mismo estoy como... reconectando todo dentro de mi cabeza.
—Quiero decir... eso es comprensible. He tenido once años para procesarlo, tú has tenido solo un momento. Quiero que sepas que está bien si te duele algo aquí. —Froto mi mano sobre su esternón—. Sé que no va a ser inmediato como todo se esclarece.
Se toma unos segundos antes de responder, y cuando lo hace, su voz es ronca.
—Perderte fue lo peor que me ha pasado, y todavía siento el eco de ello, fueron años muy duros, pero ayuda saber el porqué. Por horrible que suene, saber. —Me mira, y sus ojos se vuelven a llenar—. Siento mucho no haber estado allí cuando Duncan murió.
—Siento mucho no habértelo dicho. Siento haberme desvanecido. —Le beso el hombro.
Él levanta la mano libre y se limpia la cara con la palma.
—Cariño, tú perdiste a tu madre a los diez años y a tu padre a los dieciocho. Es una mierda que hayas desaparecido, pero no es como que no lo entienda. Mierda, tu vida… se desmoronó ese día.
Muevo mi mano por debajo de su camisa, por encima de su estómago, llegando a descansar sobre su corazón.
—Fue terrible. —Presiono mi cara en el lugar donde su cuello se une a su hombro, tratando de alejar esos recuerdos e inhalando su olor familiar—. ¿Cómo fueron esos años para ti?
Tararea, pensando.
—Me centré en la escuela. Y si te refieres a lo romántico, tenía tanta culpa que no me involucré con nadie hasta más tarde.
Me duele el corazón ante esto.
—Alex dijo que no trajiste a nadie a casa hasta Rachel.
—¿Podemos tener clara una cosa? —dice, besando mi pelo—. ¿Definitivamente, y sin preguntas?
—¿Qué? —Me encanta la sensación de solidez que tiene a mi lado. Creo que nunca podré tener suficiente.
—Que te amo —susurra, inclinando mi barbilla para que lo mire—. ¿De acuerdo?
—Yo también te amo. —La emoción me llena el pecho, haciendo que mis palabras salgan estranguladas. Siempre echaré de menos a mis padres, pero tengo a Elliot de vuelta. Juntos fuimos capaces de resucitar algo.
Sus labios presionan mi frente.
—¿Crees que podemos hacer esto? —pregunta, manteniendo sus labios ahí—. ¿Tenemos ahora la oportunidad de estar juntos?
—Sin duda nos la hemos ganado.
Se aparta, mirándome.
—He estado aquí tumbado, pensando. En cierto modo, debí haberme dado cuenta. Debí haberme preguntado por qué Duncan nunca volvió. Solo asumí que ambos estaban demasiado enojados conmigo.
—Con el tiempo me permití confiar más en mis recuerdos. —Levanto la mano, apartando su cabello fuera de sus ojos—. Me di cuenta de que, independientemente de que tuvieras algo casual y consistente con Emma, realmente me querías.
—Por supuesto que sí. —Se queda mirando, con los ojos apretados—. Odio que Duncan haya muerto pensando lo contrario.
No hay realmente nada que pueda decir a eso. Simplemente lo aprieto más, presionando mis labios en el punto de pulso bajo su mandíbula.
—Sigo amando esta habitación —susurro.
A mi lado, Elliot se queda quieto.
—Es curioso que digas eso... a mí también me encanta. Pero yo he venido a despedirme.
Mi corazón se asoma al precipicio, cayendo.
—¿Qué significa eso?
Se levanta sobre un codo, mirándome.
—Significa que no creo que pertenezcamos a este lugar.
—Bueno no, no estaremos aquí todo el tiempo. Pero ¿por qué no mantener la cabaña, y…
—Quiero decir, mira obviamente es tuyo, y deberías hacer con él lo que quieras. —Pasa la punta de su dedo por debajo de mi labio y se inclina, besándome una vez. Cuando se aleja, persigo su boca, queriendo más—. Pero quiero que dejemos atrás este armario —dice suavemente—. El armario no es la razón por la que nos enamoramos. Nosotros hicimos esta habitación especial, no al revés.
Sé que mi expresión parece devastada, y no sé cómo cambiarla. Me encanta estar aquí con él. Los mejores años de mi vida fueron aquí, y nunca me he sentido más segura que en el armario.
Y es entonces cuando sé que Elliot ya va dos pasos por delante de mí.
—Apuesto a que, tal como lo ves, todo se vino abajo cuando intentamos vivir fuera —dice, y se inclina besándome de nuevo—. Pero eso es solo muy mala suerte. No va a ser así esta vez.
—¿No? —pregunto, conteniendo una sonrisa de alivio y tirando de sus hombros para que se sitúe sobre mí.
—No. —Sonríe, acomodándose entre mis piernas, sus ojos se desenfocan un poco.
—¿Cómo va a ser esta vez? —Le quito las gafas y las coloco en uno de los estantes vacíos.
Elliot hace un camino de besos, lento, por mi cuello.
—Va a ser lo que queríamos antes.
—¿Acción de Gracias en el suelo, en ropa interior?
Gruñe una pequeña carcajada, presionando sus caderas hacia adelante cuando yo bajo la mano, bajando su cremallera.
—Y tú en mi cama, todas las noches.
—Tal vez tú estés en mi cama.
Cuando se retira, sus ojos se entrecierran.
—Para eso, tienes que ir realmente a tu maldita casa, mujer.
Me río, y él también se ríe, pero la verdad de esto se interpone entre nosotros, haciendo que se quede quieto. Me observa, y puedo decir que se ha convertido en una pregunta durante nuestro silencio; no me está dejando.
—¿Vendrías conmigo? ¿A acondicionarlo? —Hago una mueca, admitiendo—. No he ido en mucho tiempo.
Elliot me besa una vez, y luego se agacha, besando mi pecho sobre mi corazón.
—He estado esperando que vuelvas a casa durante once años. Iré a cualquier lugar al que vayas.