18

Chapter 45

Capítulo 39


Capítulo 39

Presente

Domingo, 31 de diciembre

Traducido por Nicola♡

Corregido por Nea

Editado por Banana_mou

—A pesar de haber nacido de los mismos padres y criados en la misma casa, Andreas y yo no podríamos haber sido más diferentes —dice Elliot, abriendo su brindis de boda y deslizando una mano en el bolsillo de sus pantalones del esmoquin. Él está de pie en frente de la extensión de mesas y flores y luz de velas, y una diminuta sonrisa labrándose en su boca.

—Yo era estudioso, él era… —Elliot rasca su ceja—. Bueno, él era deportista.

Los invitados se ríen a sabiendas.

—Yo era obsesivo, él era descuidado. —Otro rugido de apreciación—. Aprendí latín, él se comunicaba con gruñidos y ceños fruncidos, sobre todo. —En esto, me uno en la genuina carcajada—. Pero cualquiera que nos conozca sabe que tenemos una cosa importante en común. —Elliot echa una breve mirada hacia mí, de reojo, casi como si no pudiese evitarlo, y luego de regreso a Andreas—. Cuando amamos, amamos para siempre.

Un murmullo emocional onduló a través de la habitación y mi corazón se disolvió en un charco de miel caliente.

—Andreas conoció a Else cuando tenía veintiocho años. Sin duda, él había tenido novias antes, pero nada como esto. Caminó a la casa de mamá y papá un sábado y parecía físicamente arrastrado por el viento. Ojos amplios, boquiabierto, Andreas había perdido la capacidad de hablar con normalidad, incluso para un vocabulario tan elemental. —Las carcajadas se elevan de nuevo, exultantes—. Él la llevó a casa para cenar, y tú habrías pensado que había invitado a la Reina de Inglaterra. —Elliot sonrió a su madre—. Él molestaba a mamá sobre lo que cocinaría. Molestaba a papá acerca de no tener puesto el juego de los Niners todo el tiempo. Me molestaba a mí con respecto a no hacer algo raro como citar a Kafka o interpretar un truco de magia con mis judías verdes. Para un hombre que nunca había limpiado su habitación voluntariamente, este meticuloso comportamiento era notable.

Mi sonrisa de expande ampliamente a través de mi rostro; un vertiginoso y enamoradizo punto débil.

—Y él ha sido tan atento y leal y devoto cada día desde entonces. Por cuatro años te he observado enamorarte más profundamente. Decir que Else es ideal para Andreas es quedarse corto. Aparentemente, ella ama a cabezas cuadradas. —Risas—. Y aparentemente a ella le gustamos lo suficiente.

Elliot levanta sus lentes, sonriendo calurosamente hacia su hermano y nueva cuñada.

—Else, bienvenida a nuestra familia. No puedo prometer que siempre será tranquilo, pero puedo prometer que nunca serás tan amada como cuando vengas a casa con nosotros.

Aplausos resuenan, copas tintinean. Elliot se agacha para abrazarlos a ambos y entonces regresa a su asiento junto a mí.

Debajo de la mesa, él toma mi mano. La suya está temblando.

—Eso estuvo asombroso —le digo.

Él se inclina, sonriendo mientras toma un bocado de su salmón con su mano libre.

—¿Sí?

Me inclino, presionando mis labios en su mejilla. Su piel está caliente y un poco áspera ahora, como el más leve papel de lija. Es todo lo que puedo hacer para no enseñar mis dientes y morderle un poquito.

—Sí.

Cuando mis labios se separan de él, han dejado pétalos gemelos de lápiz labial. Levanto el brazo, quitando la mancha con mi pulgar a regañadientes. En cierto modo me gustaba ahí. Elliot continúa comiendo, sonriéndome mientras lo molesto, y nunca en mi vida entera me he sentido tan dichosa como la esposa de alguien.

El sentimiento es burbujeante, como estar borracho por un chupito, la forma en la que calienta el camino desde la garganta al estómago. Pero aquí, todo se siente cálido. Aprieto su mano en la mía más cerca, sobre mi regazo, a gran altura en mi muslo. Se detiene con su tenedor de camino a su boca, lanzándome una sonrisa maliciosa, pero entonces toma el bocado y mastica, inclinándose a su izquierda para escuchar cuando Andreas toca su hombro.

La música empieza para el primer baile y Andreas y Else se levantan, moviéndose al centro del salón, bailando a solas solo por unos cuantos compases antes de que el DJ llame a todos. Y entonces la señora Dina y el señor Nick están ahí afuera, y luego los padres de Else también. Elliot me mira, la ceja levantada en una pregunta obvia… y ahí vamos.

Él me lleva a un punto cerca del centro de la pista de baile, apretándome con un brazo alrededor de mi cintura hasta que estoy justo contra él: pecho contra pecho, estómago contra estómago, caderas contra caderas.

Nos balanceamos. En realidad, no estamos ni siquiera bailando. Pero nuestra proximidad enciende mi cuerpo y puedo sentir lo que le hace a él, también. De inmediato, contra mí, él está medio duro, su postura exponiendo el hambre que siente.

Quiero más cercanía también. Con una mano apretada en la suya, la otra en su hombro se desliza alrededor de su cuello, luego, lentamente, en su cabello. Elliot esconde nuestras manos unidas contra su pecho y luego se agacha, presionando su mejilla a la mía.

—Te amo —dice—. Siento que no pueda evitar la reacción de mi cuerpo por ti.

—No hay problema. —Cuento quince latidos cardíacos antes de que sea capaz de añadir—: También te amo.

Él reacciona ante esto con una pequeña respiración entrecortada, un ligero estremecimiento en sus hombros, es la primera vez que me ha escuchado decirlo.

—¿Me amas?

Mis mejillas se ruborizan junto a las suyas cuando asiento.

—Siempre lo he hecho. Lo sabes.

Sus labios están lo suficientemente cerca de mi oído como para rozar contra la concha de la oreja cuando pregunta:

—¿Entonces por qué me dejaste?

—Estaba herida —le digo—. Y luego estaba rota.

Ahora él reacciona. Sus pies se detienen en el piso.

—¿Qué te rompió?

—No quiero hablar de ello aquí.

Retrocede, ojos parpadeando entre los míos como si pudiese haber diferentes mensajes ahí transmitidos.

—¿Te quieres ir?

No lo sé. Quiero irme… pero no para hablar.

—Cuando puedas —digo—. Más tarde está bien.

—¿A dónde?

A cualquier parte. Todo lo que sé es que quiero estar a solas con él. Necesito entrar en esta forma inquieta y tensa. Quiero estar a solas con él.

Lo deseo.

—No me importa a donde vayamos. —Deslizo mi otra mano a su pecho, alrededor de su cuello y a su cabello. La respiración de Elliot se entrecorta cuando se da cuenta de lo que estoy haciendo: tirándolo hacia abajo para que me bese.

Sus labios se acercan a los míos en una fiebre, manos moviéndose para ahuecar mi rostro, para sostenerme cerca, como si mi beso fuese una cosa delicada y fugaz.

Su beso es una dolorosa súplica, devoción se derrama de él. Él chupa mi labio inferior, el superior, inclinando su cabeza para más y más profundo, antes de que retroceda recordándole, con un pequeño parpadeo de mis ojos, dónde estamos y cuánta gente lo ha notado.

Elliot no se interesa por ellos. Toma mi mano, guiándome bajo los escalones de la pista de baile iluminada a los jardines.

Nuestros zapatos silban a través del pasto húmedo. Pongo mi vestido en un puño, trotando detrás de él.

Más profundo en el camino que vamos, a la oscuridad, donde todo lo que oigo es el zumbido de los insectos y el ondulante aire a través de las hojas. Las voces desaparecen en la luz detrás de nosotros.