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Chapter 39

Capítulo 33


Capítulo 33

Presente

Jueves, 23 de noviembre

Traducido por Tati Oh

Corregido por Lyn♡

Editado por Mrs. Carstairs~

Des sale del baño, limpiándose las manos en los jeans como si hubiese entrado allí por un motivo casual, y no para esconderse de la batalla de los ex en la sala de estar. Él nos mira con una brillante sonrisa que pronto se derrite al darse cuenta de que Rachel ya no está con nosotros.

—¿En serio? —le pregunta a Elliot, quien se encoge de hombros con impotencia.

—No sé qué decirle —dice Elliot—. Ella dijo que estaría bien. Pero claramente no fue así

Elliot da la vuelta y se dirige a la cocina. Puedo decir que le molesta que Rachel se haya marchado, y quiero pensar que es porque es tierno y cariñoso, y no porque esté preocupado de haber arruinado algo con ella a largo plazo.

Pero, Jesús, ¿quién no podría haberlo visto venir a una milla de distancia?

Se para en el pequeño espacio, inclinándose para revisar el pavo y luego sujeta con ambas manos a los costados de la estufa, respirando profundo un par de veces.

Miro a Des, y él levanta la barbilla, indicándome que entre allí.

—Se siente pésimo por esto

Lo que me incentiva a avanzar. Estoy segura de que Des está absolutamente en lo cierto, pero es una unión en la que tengo que tener fe realmente: la de nosotros dos. Elliot fue siempre mejor en el manejo de emociones complicadas.

Aunque está muy bien iluminada, por una ventana enorme en su extremo, la cocina se siente diminuta. Deslizo mis manos por la espalda de Elliot, sintiendo sus tensos músculos hasta sus hombros, masajeando.

El toque es tan íntimo, sé que no puedo mentirle por mucho tiempo más sobre Sean sin que parezca un engaño. Me mira por encima del hombro, con curiosidad.

—Lo siento —digo—. Creo que tal vez no debería haber venido.

Se vuelve hacia mí, apoyándose contra la estufa.

—Realmente te quiero aquí. Que fueras mi invitada no era tema de discusión. Ella tenía la opción de venir o no.

—Lo sé, pero han sido amigos durante tanto tiempo

Haciéndose a un lado, mira por la ventana, su mandíbula se tensa mientras piensa. Su perfil es tan… adulto. Mi cerebro aún tiene una abrumadora cantidad de imágenes de un joven Elliot. Verlo ahora es como mirar a través de un telescopio hacia el futuro. Es tan extraño estar tan cerca de él e imaginar todos los momentos que ha tenido sin mí.

—Realmente necesitamos hablar, en algún momento —susurra.

—¿Sobre Rachel?

Él frunce el ceño.

—Sobre todo esto, Mace.

Sé que necesito escuchar lo que tiene que decir, y Dios, también le debo mi historia, pero hoy definitivamente no es el día para que otra mujer se derrita en su departamento.

—Entonces —digo, con la misma tranquilidad, consciente de que Des está en la habitación contigua—, busquemos un momento. Quizás… ¿después de la boda de Andreas?

—¿Qué? —Se vuelve hacia mí con las cejas bajas—. Eso es en un mes más.

—Creo que un mes es una buena cantidad de tiempo. —Un estridente temporizador terminó su conteo en el mostrador, pero ambos lo ignoramos.

Elliot mueve la cabeza.

—Ya no tenemos once años

—El temporizador —grita Des desde la sala de estar.

—Como me tomé el día libre, tengo que trabajar en Navidad. —Miro más allá de él, hacia la campana extractora sobre la estufa—. Me tomaré cuatro días en Año Nuevo para asistir a la boda, por lo que estoy trabajando todos los días, ahora y después, y necesito… —Necesito tiempo fuera del trabajo para pensar en cómo voy a decirle todo lo que tengo que decirle. Sobre Sean, y sobre la última noche que lo vi hace once años atrás, y sobre todo lo que sucedió después.

Des se asoma a la cocina y nos grita antes de agacharse otra vez:

—Eh, ¡algo está sonando!

Elliot se acerca, silenciando bruscamente el ruido con una palmada.

Volviendo a mí, se agacha, mirándome a los ojos, buscándome.

—Macy, tú sabes que cualquier día haría tiempo para ti. Cualquier poco de tiempo que tengo es tuyo

Esta verdad dicha tan fácilmente, paraliza mis deseos de autocontrol, de tomar un respiro entre el final de mi compromiso y volver con Elliot. Mi primera admisión se desliza:

—Sean y yo rompimos.

Veo el pulso acelerarse en su garganta.

—¿Qué?

Acabo de lanzar una bomba desde una nube.

—Nunca fue, lo que realmente quería…

—¿Dejaste a Sean?

Trago mis ganas de llorar ante la esperanza que veo reflejada en sus ojos.

—Me mudé, sí.

La mano de Elliot encuentra la parte delantera de mis jeans, su dedo índice los engancha por el interior, deslizándose contra mi ombligo, y los usa de palanca para acercarme.

—¿A dónde?

—Estoy alquilando una habitación en la ciudad.

La sangre sube a la superficie de mi piel, hambrienta por lo que imagino que sigue, su boca alcanzando a la mía, un abrumador alivio, la sensación de su lengua deslizándose sobre mis labios, la vibración de sus sonidos.

Cierro los ojos y por un segundo me entrego a la fantasía: el deslizamiento de sus manos por mi camisa, hacia mi cintura, lo que él sentiría al levantarme, ponerme sobre el mostrador, ponerse entre mis piernas y pegarse a mí.

Así es que retrocedo, temblando en señal de restricción.

—Recuerdas lo que te dije en Tilden —comienzo—, ¿sobre sentir demasiado contigo?

Él asiente, con su mirada fija en mi boca, respirando entrecortadamente.

—No quiero apresurarme a tener algo a ciegas. —Trago, haciendo una mueca—. Especialmente contigo. Ya lo arruinamos una vez.

Parpadeando, su expresión se aclara un poco.

—Lo hicimos.

Hay algo intenso entre nosotros que siempre ha estado ahí. Solía hacerme pensar que él es mío y yo soy suya. Y ahora, él dejó a su novia por eso, y yo dejé a mi prometido, pero la verdad es que nos hemos vuelto a poner en contacto durante un mes después de once años de desolación. Su mejor amigo en la otra habitación es un extraño para mí, y la mujer que acaba de irse sabe más sobre el corazón roto de Elliot que yo. Todavía estamos tan desorientados.

—Comamos un poco de pavo —digo, sacando suavemente su dedo de mis jeans—. Me tomará un poco de trabajo poner mis palabras en orden, ¿de acuerdo?

Elliot desliza su mano por mi cadera, murmurando:

—Está bien. Por supuesto. Lo que necesites.

Me permito un toque íntimo y lo uso para presionar mi mano sobre su salvaje corazón palpitante.