18

Chapter 35

Capítulo 29


Capítulo 29

Presente

Miércoles, 8 de noviembre

Traducido por Tati Oh

Corregido por ♡Herondale♡

Editado por Mrs. Carstairs~

Sean está en el sofá esperándome cuando llego a casa después de medianoche. A excepción de mi caminata con Elliot, mi día fue una mierda. Sabiendo lo que tenía que hacer, pero evitando hacerlo de todos modos, fui al trabajo alrededor de las tres de la tarde, fue una terrible decisión. Terminé dando dos diagnósticos de enfermos terminales y suspendiendo la quimioterapia de una tercera porque la niña no podía tolerar otra dosis (aunque su cáncer sí podría). Estoy en una situación mental donde sé que lo estoy haciendo bien, pero no parece que fuera así, y ver a Sean en el sofá intensifica la autoflagelación.

—Hola bebé. —Da palmaditas al cojín a su lado.

Me arrastro, para caer su lado. No sobre él, o en una posición afectiva. Primero, porque estoy en ropa de trabajo y quiero ducharme. Y segundo, porque sería raro acurrucarme con él. Hay un campo de fuerza invisible que me repele.

Como si leyera mi mente.

—Probablemente deberíamos hablar —dice Sean.

—Sí, deberíamos.

Toma mi mano izquierda entre las suyas, masajeando la palma con sus pulgares. El contacto es una maravillosa distracción y me recuerda a todas las maravillosas distracciones que Sean puede hacer con el resto de su cuerpo.

—Estoy bastante seguro de que no eres feliz —dice.

Me vuelvo y lo miro. Su rostro tarda unos segundos en enfocarse. porque está muy cerca y yo estoy demasiado cansada, pero cuando lo hace, puedo ver cuánto lo está desgastando esta situación. El hecho de que no hable sobre el tema, no significa que no piense en él.

Sean y yo somos exactamente iguales.

—¿Y tú? —pregunto.

Encogiéndose de hombros, admite:

—En realidad no.

—¿Puedo preguntarte algo?

Su sonrisa es genuina.

—Claro que sí, bebé.

Su respuesta no cambiará mis sentimientos, pero tengo que saberlo.

—¿Me amas?

La sonrisa desaparece y examina mi expresión por un par de segundos.

—¿Qué?

—¿Me amas? —pregunto de nuevo—. En serio.

Puedo decir que se lo está tomando con seriedad. Y que no está tan sorprendido por mi pregunta como lo está por su respuesta instintiva.

—Está bien —digo en voz baja—. Solo responde.

—Creo que necesito una palabra entre me gustas y te amo, lo que significa…

—…que me estimas —digo con una sonrisa.

Nunca, en la historia de los tiempos, una ruptura había sido tan tranquila. Es apenas una leve onda en el agua. Así que a lo mejor apenas estábamos lo suficientemente juntos como para terminar.

—¿Me amas? —pregunta, frunciendo el ceño.

—No estoy segura

—Lo que significa que no —dice, sonriendo.

—Te quiero… como amigo —digo—. Amo a Phoebs. Me encanta lo fácil que es esto y lo poco que exige de mí en este momento.

Asiente. Lo entiende.

—¿Pero tratar de imaginar esto? —Hago un gesto entre nosotros—. ¿Que viviré así por el resto de mi vida? —digo, besando su frente—. Es algo deprimente. Se siente como si ambos nos dirigiéramos por el camino menos complicado.

—¿Mace?

—¿Mmmm?

—¿Elliot no es el camino menos complicado para ti? —pregunta.

Me quedo quieta, pensando en la mejor respuesta. De alguna manera, sí, por supuesto, entrar en la cama de Elliot sería la ruta más fácil, y Sean lo sabe. No hay razón para no ser honesta.

Pero una parte de mí cree que Elliot y yo siempre estuvimos destinados a ser mejores amigos. Tenía tanto miedo de dar el siguiente paso con él cuando éramos adolescentes, que apenas lo hicimos, terminamos.

—Tenemos historia —digo con cuidado—. No es una mala historia, la mayor parte del tiempo. Pero él la jodió. Yo la jodí. Y realmente no hemos hablado de eso.

—¿Por qué no?

Dios. La pregunta más simple y obvia.

—Porque… —empiezo—. Porque no sé… ese momento de mi vida fue realmente difícil, y tomé algunas malas decisiones. No sé cómo explicarlo. Aparentemente, estoy muerta, por dentro y no soy muy buena expresando mis emociones.

Se sienta y me mira con seriedad.

—¿Sabes qué? Si Ashley hubiese vuelto a casa, totalmente limpia, y me hubiese dicho: «Sean, tomé algunas malas decisiones. No sé cómo explicarlas», creo que eso habría sido suficiente.

—¿En serio? —pregunto.

Asiente.

—La extraño.

Envuelvo mis brazos a su alrededor, apretándolo contra mi pecho. No creo que Sean alguna vez haya llorado por la partida de Ashley, o por la posibilidad de que ya no volverá. O la horrible posibilidad, de que algún día suene el timbre y sea ella pidiendo dinero.

O, lo que es peor, que aparezca un policía allí diciéndole a Sean que se ha ido para siempre.

—¿Seguiremos siendo amigos? —pregunto.

—Sí —susurra, presionando su rostro contra mi cuello—. Sí, yo también necesito eso.

❀~✿ ❀~✿ ❀~✿ ❀~✿

Me mudo unos días después. Realmente solo es empacar las dos maletas que traje hace un par de meses y mudarme a unas seis cuadras de distancia. Por menos de setecientos al mes, estoy alquilando una amplia habitación en casa de Nancy Eaton, una doctora de la unidad, su hija acaba de irse a la universidad en el este. Es una situación temporal; no porque Nancy no me haya ofrecido la habitación de forma indefinida, sino porque así lo siento. Soy dueña de una casa en Berkeley, podría venderla fácilmente y comprar un lugar para mí en la ciudad, pero el solo pensarlo se siente como una traición. Podría poner la casa en renta y alquilar mi propio espacio en la ciudad, pero eso requeriría revisar todas las cosas de mis padres, y aun no estoy lista para eso.

—Eres un desastre —dice Elliot al final de la línea, después de haberle detallado lo que hay que hacerle a la casa de Berkeley.

No lo sabe: ni siquiera le he dicho que terminé mi relación con Sean. Si supiera que Sean y yo rompimos, habría venido a la ciudad de inmediato y se habría quedado mirándome hasta que cediera, y lo besara. Sean es el único obstáculo. Es la excusa, que me da tiempo para pensar. No quiero que Elliot me envuelva y me enamore nuevamente, o me presione para tomar una decisión. Necesito tiempo.

Algo se quiebra a la distancia y murmura un frustrado «Mierda».

—¿Qué fue eso? —pregunto.

—Acabo de tirar una olla del fregadero. Debería lavar la loza.

—Deberías.

—¿Cómo está Sean? —pregunta.

El cambio de tema es tan brusco que me sorprende.

—Bien —digo, agregando sin pensar—. Creo.

Siento la forma en que Elliot se queda quieto en el otro extremo.

—¿Crees?

—Sí —esquivo—. He estado ocupada.

—¿Estás siendo evasiva conmigo?

—No —digo, haciendo una mueca mientras busco la mejor verdad a medias. Miro a mi alrededor mi nuevo dormitorio, como si la respuesta correcta se fuera a materializar en una pared en alguna parte—. Es solo que no lo he visto mucho en los últimos días.

—¿Qué harán para Acción de Gracias? —pregunta—. Esta será su primera celebración juntos, ¿verdad?

«Mierda».

—Creo que trabajo.

—¿Crees? —pregunta de nuevo, y se oye como si estuviera comiendo—. ¿No tienen los residentes el horario estipulado con antelación?

—Sí —le digo, pellizcando el puente de mi nariz. Odio mentirle—. Voy a negociar para no tener que trabajar en Navidad, pero no me he organizado al respecto. Probablemente estaré libre.

Elliot hace una pausa, probablemente porque sabe que estoy mintiendo y está tratando de averiguar por qué.

—Ok, entonces, ¿tienes planes o no?

—Sean va con Phoebe a la casa de sus padres. —Vacilo, aguantando la respiración—. Yo no. —Espero que se crea esto, para evitar que haga un tipo de investigación estilo «¿Y eso qué significa?», pero no lo hace.

Solamente se aclara la garganta y dice:

—Ok, entonces vendrás. Será mejor que lave los platos antes de ese día.