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Chapter 33

Capítulo 27


Capítulo 27

Presente

Miércoles, 8 de noviembre

Traducido por Tati Oh

Corregido por ♡Herondale♡

Editado por Lyn♡ y Roni Turner

Después de ese mensaje de texto durante el almuerzo con Sabrina, las cosas con Elliot rodaron como una bola de nieve y estamos haciendo algo que no hicimos ni siquiera durante la preparatoria: hablar casi todos los días. A veces es solo por unos minutos. Otras solo es un mensaje de texto. Pero siento su presencia casi constante, y no importa cuánto quiera negarlo, sé que el suave zumbido de alivio en mis pensamientos se debe a él.

Quizás es debido a esto, que las cosas con Sean son algo... extrañas, en el mejor de los casos. No hemos tenido ninguna discusión. De hecho, ni siquiera conversamos sobre lo que hemos estado haciendo. Cuando los encuentro despiertos, Phoebe parece feliz de verme, Sean parece feliz de verme. Estoy segura de que, si planeara una gran boda para mañana, Sean estaría feliz de aparecer. Y estoy segura de que, si dejo de planearla indefinidamente, Sean nunca preguntaría al respecto.

También estoy segura de que podría irme y él también estaría de acuerdo con eso.

Es la cosa más extraña de la que he sido parte y, sin embargo, podría ser tan jodidamente fácil. No demanda nada de mí, no requiere la participación de mi corazón, y sé, sin lugar a duda, que no me necesita. Podríamos tener una relación que nos provea a ambos de sexo, seguridad financiera, un techo sobre nuestras cabezas y conversación estimulantes en la cena, pero en general tener vidas completamente separadas.

Pero la cruda verdad es: que no estamos enamorados, en realidad nunca lo hemos estado, y es la ausencia de ese amor lo que me preocupa, no parece venir en pequeños rayos de conciencia. Simplemente aparecen, en blanco y negro, gritando «Esta relación está acabada» cuando nos sonreímos con cortesía mientras cambiamos de lugar en el baño.

Estoy harta de eso. Estoy desesperada por encontrar la mejor forma de terminar esto. Desafortunadamente, me preocupa que la reacción principal de Sean sea decepción. Le convengo como novia, tanto como él me conviene a mí; pero en su caso él probablemente no necesite nada más: ya tiene al amor de su vida, en forma de una hija de seis años.

Un buen comienzo sería asegurarme de que puedo vivir por mi cuenta en la ciudad. Me tomo un día libre y conduzco hasta El Cerrito para hacer algo que he estado posponiendo durante meses: reunirme con mi asesor financiero. Daisy Milligan es la antigua genio de finanzas de papá, y me quedé con ella más por sentimentalismo y pereza que por conocimiento particular sobre sus habilidades.

Dicho esto, aunque se acerca a los setenta, apenas necesita mirar mi archivo para informarme sobre lo que tengo en mis activos (suficiente para cubrir las reparaciones de la casa y los impuestos, pero no mucho más) y explicarme el por qué debería vender una de mis casas (necesito tener una cuenta para mi retiro más de lo que necesito dos propiedades). No me atrevo a mencionar que estoy viviendo en San Francisco y ni siquiera obtengo ingresos de alquiler por la casa de Berkeley.

Odio hablar de dinero. Pero odio aún más ver lo mucho que necesito organizarme financieramente. Después de todo, me encuentro entre nerviosa y animada, y cuando Elliot me envía un mensaje de texto preguntando cómo va mi día, y le digo que estoy de su lado de la Bahía… vernos parece una elección bastante obvia.

Sugiere que lo hagamos en Fatapple, en Berkeley, sin saber lo cerca que está de mi casa. En cambio, sugiero que nos encontremos en la cima de las colinas de Berkeley, en el parque Tilden, a la entrada del sendero del río Wildcat.

Llego antes que él, y saliendo de mi auto levanto mi capucha para luchar contra el viento. La niebla rueda sobre las colinas, haciendo que parezca un horizonte gris que se hunde en el valle, un centímetro a la vez.

Amo Tilden, y tengo tantos recuerdos de venir aquí con mamá, a montar ponis, alimentar a las vacas de la Pequeña Granja. Papá y yo veníamos casi todos los fines de semana después de que mamá muriera para alimentar a los patos en el estanque. Nos sentábamos en silencio, tirando trozos de pan al agua, y observando a los patos arrebatárselos, graznando entre sí competitivamente.

La nostalgia de Tilden parece mezclarse con la nostalgia de Elliot y forma una potente mezcla en mi sangre, desangrándome. Aunque él y yo nunca habíamos estado aquí juntos, se siente como si lo hubiéramos hecho. Se siente como si fuera parte de mis células, como si estuviera entrelazado con mi ADN.

Así que, verlo salir entre la niebla del estacionamiento y moverse hacia mí con sus largas zancadas y sus ajustados vaqueros negros… hace que mi ansiedad… se evapore.

En un pulso de obvia epifanía, me doy cuenta de que Sabrina tenía razón: no he estado viviendo sin él. Solo he estado sobreviviendo.

Quiero compartir mi vida con él de alguna manera. Solo que… no tengo idea de cómo hacerlo.

Parece leer mi estado de ánimo mientras se sienta en el banco junto a mi deslizando su brazo por el respaldo.

—Oye. ¿Todo bien?

El impulso de abrazarlo es casi debilitante.

—Sí, solo… Fue un largo día.

Se ríe, extendiendo su mano para alcanzar suavemente mi cola de caballo y jalarla.

—Y apenas es mediodía

—Me reuní con la antigua asesora financiera de papá. —Con la otra mano, se rasca la ceja.

—¿Sí? ¿Y cómo salió eso?

—Quiere que venda una de las casas.

Elliot se queda en silencio, digiriéndolo.

—¿Cómo te hace sentir eso?

—No tan bien. —Lo miro—. Pero, sé que tiene razón. Tampoco vivo en ellas. Es tan solo que no quiero deshacerme de ninguna de ellas.

—Ambas tienen muchos recuerdos. Buenos y malos.

Con eso, abarca todo. Desde la primera vez que preguntó por mamá, es obstinadamente gentil.

Doblo una pierna y me giro para mirarlo. Estamos tan cerca, y aunque estamos afuera, en un parque público, no hay nadie a nuestro alrededor y se siente tan íntimo. Sus ojos son más verdes que café hoy; tiene una barba incipiente, como si no se hubiera afeitado esta mañana. Deslizo mi mano entre mis rodillas para evitar extenderla y ahuecar su mandíbula.

—¿Puedo hacerte una pregunta?

Los ojos de Elliot se posan brevemente en mi boca y luego en mis ojos otra vez.

—Siempre.

—¿Crees que mantengo cosas reprimidas?

Enderezándose, mira a su alrededor, como si necesitara un testigo.

—¿Es una pregunta seria?

Lo empujo jugando y él finge estar herido.

—Sabrina sugirió que tengo el hábito de mantener a la gente a distancia.

—Bueno —dice, eligiendo sus palabras con cuidado—, siempre conversábamos, pero yo tuve la sensación de que no hacías eso con nadie más. Así que, tal vez, ¿sea cierto?

Un automóvil pasa y su motor diésel resopla ruidosamente alrededor del estacionamiento, alejando momentáneamente nuestra atención en nosotros y dirigiéndola hacia el pastizal. Los débiles ruidos de la vida animal nos llegan desde la Pequeña Granja, por el camino de grava.

Cuando no respondo, continúa.

—Quiero decir, tal vez estoy sesgado por nuestras circunstancias actuales, pero siento que tal vez tú no… hablas de ciertas cosas. Y podría estar abusando de mi suerte aquí, pero tengo la sensación de que Sean también es así.

Elijo ignorar esa parte, queriendo evitar completamente una conversación sobre Sean con Elliot. Ahora sé lo que tengo que hacer, pero le debo a Sean al menos discutirlo con él primero.

—Solía hablar con papá —le digo, cambiando de tema—. A lo mejor no como lo hacía contigo, pero sí sobre la escuela y mamá.

—Sí, pero estamos hablando del ahora —dice—. Siempre fuiste bastante reservada, pero, ¿tienes a alguien? ¿Además de Sabrina?

—Te tengo a ti. —Después de un incómodo momento, agrego—: Quiero decir… ahora. —Otra pausa—. De vuelta.

Su expresión se alinea y toma una ramita del suelo, descansando con los codos sobre las rodillas y haciéndola girar entre los dedos. Con inquietud.

Lo sé…

Lo sé…

Sé lo que viene…

—¿Macy? —Me mira por encima del hombro—. ¿Amas a Sean?

Sabía que vendría, sí, pero el peso de su pregunta me impulsa fuera del banco, dos pasos más allá.

—Te he visto enamorada —dice suavemente, sin ponerse de pie—. No parece que estés enamorada de él.

No contesto, pero me interpreta de todos modos.

—No entiendo —gruñe—. ¿Por qué estás con él?

Me doy la vuelta para ver su expresión, con el ceño fruncido, la boca fuertemente apretada. Me toma unas cuantas respiraciones juntar las palabras de una manera que no se sienta sumamente melodramático.

—Porque —le digo— tenemos un jodido acuerdo de personas destruidas emocionalmente, es un acuerdo tácito supongo, o lo era hasta hace poco, solo entregamos una fracción de nosotros mismos. Perderlo no me afectaría. —Sacudo mi cabeza y miro mis zapatos, poniendo los pies en la tierra. Siento que mi epifanía sobre una vida sólida y compartida comienza a desvanecerse cuando Elliot hurga en mis instintos de autopreservación. Odio decir que Sabrina tenía la razón. Odio el hecho de que retirarme a mi capullo sea mi primera reacción—. Me doy cuenta de lo cobarde que eso suena, pero no creo que pueda soportar el volver a perder a alguien que amo.

—Fue muy doloroso… —dice en voz baja, y no es realmente una pregunta—. Lo que hice. ¿Cuándo hablaremos sobre eso?

—No solo te perdí a ti —le recuerdo.

Me detengo, necesito un segundo para respirar. Los recuerdos de la última vez que vi a Elliot solían enfermarme psicológicamente. Ahora solamente me dan una fuerte estocada.

Puedo ver que está procesando esto. Estudia mi rostro, rumiando las palabras en su mente y viéndolas desde diferentes ángulos, como si supiera que falta algo.

O tal vez solo estoy siendo paranoica.

—¿Cuál es su historia? —pregunta.

—¿Te refieres a Sean?

Elliot asiente, tomando otra ramita.

—¿Estaba casado?

—Sí. Ella trabajaba en finanzas y se volvió adicta a la cocaína en un viaje de trabajo.

Su cabeza se dispara hacia arriba, en sus ojos se lee el shock.

—¿En serio?

—Sí. Es terrible, ¿verdad? —Miro más allá de él, hacia el estacionamiento—. Por eso pienso que la parte que lo mantiene es su hija, y nunca llegó realmente a superar a Ashley. Realmente ha sido… Es tan fácil, para nosotros, mantener algo permanente sin necesitarnos realmente el uno al otro.

Elliot se inclina hacia adelante.

—Macy.

—Elliot.

—¿Te estás quedando por Phoebe?

Lo miro, genuinamente confundida.

—¿Qué?

—Phoebe.

—No, o sea escuché el nombre. Simplemente no entiendo cómo... Oh. —De repente entiendo lo que está diciendo—. No.

—Quiero decir, ella es una dulce niña sin su mamá… —Lo dice como si fuera obvio por qué me quedaría, y está bien, desde el exterior puedo ver por qué él piensa así. Pero él no los conoce.

—Ella no me necesita —le aseguro—. Ella tiene un increíble e involucrado papá. Yo soy… —Agito mi mano alrededor, insegura—. Soy un accesorio. Quiero decir, seamos honestos: realmente no sé cómo ser una… «Mamá». De todos modos, ella no parece necesitar nada de mí.

Gruñe un poco, mirando hacia la ramita que está triturando lenta y metódicamente.

—Bien.

Lo miro.

—¿Qué significa eso?

—Significa que está bien.

—No puedes pensar tanto para luego solo darme un bien. Eso es un bien condescendiente.

Se ríe y tira el palo al suelo antes de mirarme.

—Bien.

Un reto. Quiere involucrarme, lo sé.

—Maldita sea. —Me doy la vuelta y miro hacia la escuela y el color gris de las nubes rodando detrás de ella.

—Puede que necesite una madre cuando le llegue su periodo —dice en voz baja—. O cuando sus amigas sean unas idiotas.

—Tal vez tiene una amiga en el armario que la escucha —replico y volteo a mirarlo, con sospecha—. ¿Por qué se siente como si estuvieras intentando convencerme de quedarme con Sean? ¿Me estás haciendo psicología inversa?

Sonriendo, cede.

—Vamos, hablemos de otra cosa. ¿Palabra favorita?

El calor recorre mi piel. Estoy tan no preparada para esto que mi mente se estanca y de repente, no hay palabras, en ningún lugar.

—Necesito pensar… ¿Tú?

Su risa llega como un bajo retumbar.

—Melifluo.

Arrugo mi nariz.

—Eso es un trabalenguas.

—Ciertamente lo es, señorita —gruñe, con un tono significativo en sus palabras.

Le arrojo una pequeña piedra por eso.

—Tu voz es meliflua —murmura, empujándose del banco para pararse y acercarse a mí—. Ahora, vamos. Es tu turno. No puedes pensar demasiado en esto tramposa. Conoces las reglas.

Veo sus labios modular mientras él observa mi boca. Veo a su lengua asomarse.

—Limerencia.

No hay ninguna palabra como esta: la sensación de estar enamorado de otra persona.

Los ojos de Elliot se disparan hacia los míos, sus pupilas se dilatan como una gota de tinta en un estanque.

—Eres terrible.

—No estoy intentando serlo.

Me indica con la cabeza hacia la ruta del sendero, haciendo señas para que lo siga. Caminamos por el sendero y recuerdo caminar junto a él por el bosque Armstrong, o por el lecho seco del arroyo en verano. Es tan extraño cómo se siente como si fuera otra vida, y a la vez como si hubiera sucedido dos semanas atrás. Lentamente, nuestros pasos convergen en un crujir… crujir…crujir de nuestras pisadas sobre la grava, moviéndose al unísono. Ha acortado sus pasos para que coincidan con los míos.

—¿Eres feliz? —le pregunto.

La pregunta es tan abrupta que espero que vacile un poco, pero no lo hace.

—He tenido momentos de eso, sí.

No me gusta esta respuesta. Quiero que sea feliz, amado, adorado, lleno de todo, siempre.

—Tengo que admitir —agrega—, me siento más feliz cerca de ti.

Es embriagador saber que tengo el poder de lograrlo.

—Tú, ¿eres feliz? —pregunta

—No lo he sido —le digo, y siento que se vuelve para mirar mi perfil—. Y estar cerca de ti de nuevo me ha hecho darme cuenta de eso. —Nos detenemos en un diminuto y resbaladizo puente en medio del bosque, mirándonos—. Me haces sentir tantas cosas —admito en silencio.

Extiende la mano, tirando suavemente de mi cola de caballo a través de su mano.

—También me siento así. Eso siempre fue cierto. —Moviendo su mano para pasar la palma sobre mi cabello, murmura—. Por cierto, no estaba tratando de convencerte de que te quedaras con Sean. Solo pensé que estabas siendo demasiado dura contigo misma.

Mis ojos se entrecierran con escepticismo.

—¿Yo?

Asintiendo, dice:

—Creo que estás castigándote por estar con Sean. Por eso pregunté por Phoebe y…

—¿Ashley?

—Sí. Ashley. —Utiliza la punta de su dedo índice para levantar sus gafas y mira los frondosos árboles frente a nosotros—. Actúas como si estuvieras con él solo porque es fácil. Pero, de alguna manera, él es tu papá en este escenario, y tú eres la mujer que vino después de tu mamá. Sean no tiene mucho que entregar, pero tú entiendes por qué. Después de todo, no quieres intentar reemplazar a nadie.

Lo miro en estado de shock. En solo unas pocas frases, Elliot acaba de explicar por qué tiene sentido para mí estar con Sean y, al mismo tiempo, demostrar que él, Elliot, es la única persona que realmente me entiende. Ni siquiera yo había notado esta verdad hasta ahora.

—¿Por qué eres tan bueno conmigo? ¿Después de todo?

Elliot inclina la cabeza mientras me mira. Por supuesto que no ve las cosas retorcidas desde su punto de vista. Solo sabe de su traición, no de la mía.

—¿Porque te amo?

La emoción obstruye mi garganta y tengo que tragar saliva un par de veces para soltar las palabras.

—No creo que realmente me haya dado cuenta de lo aturdida que estaba. O quizás no me importaba.

Veo la forma en que esto lo golpea, físicamente.

—Mace…

Me río oscuramente de esto, de lo jodidamente horrible que suena.

—Es horrible, ¿verdad?

Da un paso adelante abruptamente, empujándome contra su pecho. Una mano acuna mi cabeza, la otra se envuelve alrededor de mis hombros, y siento como si realmente no hubiera llorado en diez años.