—Bueno, eso fue todo por hoy, espero que hayan disfrutados nuestras canciones y el tema de hoy. Gracias por sus mensajes de apoyo, aunque no lo haga en el aire, les aseguro que siempre leo cada uno de ellos. Se despide su compañero y amigo Kang, que tengan una maravillosa noche.
Mi corazón cae al suelo. Estoy a punto de quitarme los audífonos cuando escucho la voz de Kang de nuevo:
—Oh, un hecho curioso sobre mí, me encanta el queso. Feliz noche, mi gente. Por segunda vez en menos de dos días, Kang me deja sin aliento.
N U E V E
—Klara.
El sonido el agua que me cae sobre las manos mientras lavo los platos ahoga la insistente voz llamándome. Mi cuerpo está presente, pero mi mente está lejos de aquí. A pesar de que ya han pasado dos horas desde que terminó el programa de Kang, no puedo sacar de mi mente sus últimas palabras y su mención de la palabra queso, confirmando que, sí fue él, el que me envió esos mensajes anoche. De verdad fue él. Una mano pasa frente a mí.
—Klara.
Un sacudido de hombros me trae a la realidad.
—¿Ah?
Kamila está a mi lado, sus ojos evaluándome como siempre.