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Chapter 31

Capítulo 25


Capítulo 25

Presente

Jueves, 26 de octubre

Traducido por Tati Oh

Corregido por Nea

Editado por Lyn♡ y Roni Turner

Fiel a su promesa, Sabrina trae a Viv a la ciudad y se reúne conmigo para almorzar. La primera vez que nos juntamos fue casi dos semanas después del picnic. Durante ese tiempo, me he sumergido principalmente en el trabajo. Es extraño decirlo, pero he visto a Sean despierto solo tres veces.

Eso podría deberse a que estoy durmiendo en el sofá.

No sé por qué no puedo dar ese último paso, empacar mis maletas y volver a Berkeley. Puede ser la carga de viajar diariamente o los fantasmas de mi pasado que todavía viven allí: mamá y papá están en cada partícula de aire de aquella casa.

Solo he regresado siete días desde que me fui a la universidad. Podría ser como entrar en una cápsula del tiempo.

La cara de Sabrina cuando entra en Wooly Pig me dice todo lo que necesito saber sobre lo exitosa que fui cubriendo las ojeras bajo mis ojos esta mañana.

—Jesucristo —murmura mientras me siento frente a ella—. Te ves como si te hubieran criado en el cementerio de mascotas.

Me río, agarrando el agua frente a mí.

—Gracias.

—Si hubiera sabido que estabas así, habría tenido un espresso esperándote.

—No quiero café —digo, levantando mi mano—. Ha sido la única fuente de calorías que he consumido esta semana y necesito algo… delicioso. Un batido o algo por el estilo.

La veo inspeccionando el menú.

—Está bien, dime qué pasa —dice, inclinándose más cerca—. Te vi hace dos semanas, pero hoy eres una persona diferente.

—He estado trabajando mucho. Es una época muy demandante, está comenzando la temporada de resfríos. —Sin pensarlo, miro a Viv, dormida en su cochecito junto a la mesa—. Y las cosas con Sean no están tan bien.

—¿Ah sí? —pregunta Sabrina, y no la miro a la cara después de que lo dice porque no estoy segura de cómo me sentiré si su expresión coincide con el tono agudo de sus palabras—. ¿Qué sucede?

La miro a los ojos, dejando la visión disponible de mi cara.

—Sabrina.

—¿Qué?

—¿Tenemos que hacer esto? —Siento que voy a romper en llanto—. Tú sabes lo que está pasando. —Levantando una mano, comienzo a contar los eventos en mis dedos—: Apenas conozco a Sean. Nos comprometimos después de dos meses. Me encuentro con Elliot en casa de Saul y verlo es como… No sé, una patada en mi alma. Y luego, ¿qué sucede? Elliot ha vuelto a mi vida y, ¡sorpresa! Pienso que las cosas con Sean tal vez no son tan geniales.

Sabrina asiente, pero no dice nada.

—¿Estás en silencio? Pensé que te alegraría escuchar esto

—El punto es que quiero que tú seas feliz. Quiero ver esa chispa que vi el otro día. Quiero ver cómo te sonrojas cuando alguien te mira.

—Sabrina, he sido feliz con Sean. Solo porque me siento más en casa cuando Elliot está cerca, no significa que esos sentimientos sean más válidos o más felices.

—¿En serio? ¿Sabes siquiera cómo luce la felicidad? Me preguntaba esto el otro día, en realidad. ¿Te había visto feliz antes del picnic?

Esto se siente como un violento empujón de alguien que me conoce desde hace diez años.

—Estás bromeando.

Ella sacude su cabeza.

—Cuando Elliot se acercó a nosotros… Te juro que fue la primera vez que te vi sonreír de esa manera, con todo tu cuerpo, y eso me hizo cuestionar todo sobre tu personalidad de antes.

—Vaaaya —digo lentamente. Eso se siente… enorme.

—Crees que eres feliz, pero apenas vives.

—Sabrina, eso es por el internado y trabajar más de ochenta horas a la semana.

—No —dice con un firme movimiento de cabeza. Se recuesta en su silla llevándose su taza de café con ella—. ¿Recuerdas el primer año?

Siento la fría sombra de esa época arrastrándose sobre mí.

—Apenas.

—Desde que te conocí, Elliot ha sido una tercera persona con nosotros, a cada segundo. A veces sentía que las cosas que me decías, solo me las decías porque él no estaba allí. —Levanta una mano cuando empiezo a responder—. No es una queja, por cierto. Yo tenía a Dave y te tenía a ti. Y tú me tenías a mí… pero también lo tenías a él en tus pensamientos, en cada una de las cosas que hacías. Cuando saliste con otros chicos, fue como… escabullirte volviendo a hurtadillas por la noche, como si hubiera alguien que pudiera enojarse porque habías tenido una cita.

Dejando escapar un largo suspiro, la estudio, odiando que haga esto, por poner estas verdades, que hasta ahora vivían solamente en las polvorientas profundidades de mi memoria, en el espacio público.

—¿La primera vez que te acostaste con Julian? ¿Recuerdas eso?

Dejé escapar un gemido de risa. Me acuerdo. Estaba a la mitad del primer año. Julián, tocaba la guitarra y tenía el pelo largo, era un semidiós en el campus y de tercer año. Hermoso, levemente vanidoso, no era tan profundo como él pensaba que era, o tal vez esa es solo mi opinión en retrospectiva. Por alguna razón, comenzó a perseguirme en octubre, eso era mucho para los acalorados celos de las groupies de su banda. Finalmente accedí a salir con él; en ese momento pensé que tal vez si me sumergía en algo con otra persona haría desaparecer todo lo que había pasado en California.

Tuvimos sexo en su casa después de nuestra primera cita. Realmente no recuerdo mucho, más que mientras sucedía, al menos había otras quince mujeres que querrían estar en esa cama ahora mismo, y que él probablemente estaba haciendo un trabajo bastante bueno al respecto. Pero todo lo que quería era que él terminara para que yo pudiera ir a casa y arrullarme.

Regresé al dormitorio que compartía con Sabrina, y antes de que pudiera decir una sola palabra, vomité sobre su par de botines morados favoritos antes de romper en un charco de histeria y contarle todo sobre Elliot.

—Pobre Julian —digo.

—Era lindo —dice ella—. Y funcionó durante un tiempo porque no estabas interesada. Nunca has estado interesada, Macy. Solo tienes un puñado de personas a las que llamas amigos y mantienes a todos los demás alejados en la superficie.

Me muevo para objetar y ella levanta una mano de forma atrevida para detenerme.

—Déjame terminar, he estado trabajando en este discurso desde el picnic.

Sonrío a pesar de mi enfado

—Vale.

—Estoy segura de que Sean es un gran tipo, pero es otra versión de ti y Julian, todo está en la superficie. Nunca sentiste lo que sentías por Elliot, pero es conveniente: no quieres volver a sentir eso de todos modos.

Asiento con la cabeza con fuerza. Realmente no se puede culpar a Sabrina por decir en voz alta las cosas que también comienzo a preguntarme.

—Pero, mierda, Mace —dice con suavidad—, ¿no te parece un poco egoísta? Das solo en la medida que estés dispuesta. Afortunadamente, esta vez, Sean está contento con las sobras.

Me recuesto en mi silla.

—Dios mío —digo—. Dime lo que piensas realmente.

Se muerde el labio inferior, estudiándome.

—¿Estás diciendo que estoy equivocada?

Me froto la cara con las manos, sintiéndome más cansada de lo que he estado en toda la semana.

—No es tan simple, y lo sabes.

Sabrina cierra los ojos, inhala y exhala lentamente. Mirándome de nuevo, dice con suavidad:

—Lo sé, cariño. El asunto es… estás fingiendo que puedes simplemente alejarte de Elliot. ¿Puedes? Si la respuesta es no, ¿qué haces comprometiéndote con otro hombre?

—Lo sé, lo sé —digo, sintiendo un hervor en mi estómago.

Su expresión se suaviza.

—¿No quieres saber hasta dónde podría llegar Elliot? Lo peor que podría suceder es que no funcione y él no esté en tu vida nunca más. —Ella se inclina hacia atrás y dice en voz más baja—. Sabes que puedes sobrevivir a eso. Al menos, mínimamente.

Giro mi tenedor sobre la mesa.

—¿Qué te retiene con Sean?

Sé que quiere una respuesta seria, pero ya basta con la intensidad de esta conversación.

—Su casa está ubicada en un lugar muy conveniente.

Deja escapar una carcajada que sobresalta a Viv mientras duerme.

—Están arrastrando tus almohadas al infierno, Macy Lea Sorensen.

—No creo que uno tenga almohadas en el infierno —le digo, sonriéndole de vuelta—. Y no estoy bromeando. Estoy teniendo dificultades para confiar en estas nuevas dudas, porque hasta hace algunas semanas era perfectamente feliz con Sean. ¿Qué pasa si esto es una alarma?

Ella deja escapar un escéptico «Mm-hmm».

Parpadeo hacia ella.

—Vamos.

—Vamos. Sabes que tengo razón. Sean es fácil, lo entiendo. Él es un cactus y Elliot es una orquídea. Lo entiendo. Solo…

—¿Solo que…?

—No seas un testículo sobre esto —dice. Sabrina odia usar la palabra vagina para decir que alguien es débil18, especialmente después de dar a luz a su bebé de cuatro kilos y medio a la antigua—. Cuando piensas en besar a Elliot, ¿qué te hace sentir?

Todo mi cuerpo explota en calor, y sé que se nota inmediatamente en mi cara. Sé lo que es besar a Elliot. Sé cómo suena cuando acaba. Sé cómo sus manos se vuelven salvajes y vagan cuando está caliente. Sé cómo aprendió a tocar, a besar y a dar placer, porque aprendió conmigo.

Sé lo bueno que fue, incluso por el poco tiempo que duró.

—Ni siquiera necesito que respondas. —Se inclina hacia atrás cuando llega la camarera para tomar nuestros pedidos.

Cuando se va de nuevo, mi teléfono vibra en mi bolso y lo saco, riendo. Es un mensaje de Elliot, con quien no he hablado desde el picnic.

¿Has hablado con Sean sobre el Año Nuevo?

Me encantaría que lo pasaras conmigo.

Piensa en ello como una oportunidad de investigar para la boda que no pareces estar planificando.

Doy la vuelta a mi teléfono, mostrándolo a Sabrina, y ella se ríe, sacudiendo la cabeza.

—Intervención terminada.