Capítulo 21
Presente
Sábado, 14 de octubre
Traducido por Nea
Corregido por Lyn♡
Editado por Banana_mou
Soy consciente de que Elliot y yo estamos en una especie de pecera social, ya que Sabrina y Nikki están claramente al tanto del tiempo que pasamos orbitando el uno alrededor del otro. Así que, a pesar de sentirme constantemente consciente de él, no hablo mucho con Elliot en el picnic y eso me vuelve loca, preguntándome qué estará pensando sobre todo esto. Se pasa la mayor parte del tiempo hablando con Danny, mientras Nikki, Sabrina, Dave y yo nos ponemos al día. Tengo la clara impresión de que una vez que Sabrina y Dave tengan tiempo a solas en el coche en el camino de vuelta, van a explotar en un acuerdo exasperado de que Sean es realmente el más aburrido.
Sin embargo, basándome en mis propias observaciones, no puedo culparles. Sean está sintonizado con Phoebe, pero por lo demás está jodiendo en su teléfono, o saltando en las conversaciones solo para añadir sus pensamientos antes de escabullirse de nuevo. Tengo la extraña conciencia de que nunca he estado en esta situación con él, sentada con un grupo de amigos y no con un grupo de entusiastas del arte o benefactores que se mueren por llamar la atención de Sean Chen. Y, aparentemente, a menos que esté siendo cortejado, se retira socialmente. Tengo un temor persistente de que él siempre ha sido así, solo que nunca ha surgido porque nunca hemos salido con amigos.
¿Tiene Sean amigos?
Hacia las cuatro, las nubes se ciernen y parece que va a llover. Como California se está convirtiendo en un polvorín, limpiamos alegremente, como si fuéramos un grupo de parientes entrometidos que se quitan de en medio a unos recién casados que se quedan a dormir.
Sean lleva a Phoebe sobre sus hombros hacia el aparcamiento y yo le sigo justo detrás, con Sabrina empujando a Viv en el cochecito.
—Tienes que admitir que es bastante bonito —le digo, levantando la barbilla hacia el dúo que tenemos delante. La punzada de protección que sentí antes por él se ha transformado en una extraña sensación de desesperación. Sean y yo encajamos muy bien; lo hacíamos antes de Elliot y lo hacemos ahora. Estoy a la caza de pruebas. Mi afición por verle a él y a Phoebe es una prueba.
Mi apreciación de su culo en esos vaqueros es la prueba.
Ella se ríe.
—Parece un padre realmente genial.
Suspiro.
—Mensaje recibido.
Bajando la voz para que los demás no nos oigan, Sabrina dice:
—Debemos tener una conversación seria sobre esto. Una intervención.
—No empieces.
—¿Cuándo te he hablado de terminar una relación? —dice ella, con los ojos muy abiertos—. ¿No tiene eso algún peso?
Abro la boca para contestar cuando, por el rabillo del ojo, me doy cuenta de que Elliot está a solo unos pasos detrás de nosotros y, probablemente, ha escuchado cada palabra.
Le dirijo una mirada cómplice.
—Hola.
Ha estado estudiando algo en su teléfono pero todo es una treta. Elliot está tan interesado en jugar con un iPhone como en meterse una cuchara en la oreja. Se pone al día con dos pasos largos y viene entre nosotras, poniendo un brazo alrededor de nuestros hombros.
—Señoritas.
—Has escuchado cada palabra, ¿verdad? —pregunto.
Él desvía la mirada hacia mí, encogiéndose de hombros.
—Sí.
—Fisgón.
Esto le hace reír.
—Venía a agradecerte que me hayas invitado. No es que esperara atraparte discutiendo acerca de Sean. —En una voz más tranquila, cargada con significado, murmura—: Confía en mí.
—La honestidad aquí es un poco arrebatadora —interviene Sabrina—. No estoy segura de si debería hacer una incómoda escapada o quedarme a escuchar más. —Hace una pausa—. Realmente quiero escuchar más.
—Siempre ha sido así con nosotros —le digo.
—Es cierto —dice Elliot—. Nunca hemos sido muy buenos mintiendo el uno al otro. Cuando tenía quince años Macy me dijo que me cambiara el desodorante. Insinuó que el antiguo podría no funcionar más.
—Elliot me señaló el día específico en que notó que me salían pechos.
Sabrina nos mira fijamente.
—Hice que Elliot llevara Imodium17 cuando fuimos a ver a los Backstreet Boys, porque tenía problemas de estómago.
—Lo más embarazoso de eso —dice—, es que fui a ver a los Backstreet Boys.
—No —le corrijo—, lo vergonzoso fue que te atrapé bailando.
Lo reconoce con un pequeño movimiento de cejas.
—Tenía mis movimientos.
Me río.
—Sí. Movimiento es la única forma de describir lo que estabas haciendo.
Sabrina resopla y, cuando Dave la llama, se adelanta trotando, pero Elliot me detiene con una mano en el brazo y recibimos algunas miradas curiosas cuando el resto del grupo pasa junto a nosotros de camino al aparcamiento. Por suerte, Sean y Phoebe están todavía por delante de nosotros.
—Hola. Así que… —Elliot se mete las manos en los bolsillos. Sus hombros se levantan, presionando en su cuello. Sigue siendo tan anguloso, tan largo.
—Hola. Así que… —repito.
—Gracias por invitarme hoy. —Me regala una sonrisa que no sé si puedo describir. Es la sonrisa que dice, «sé que nos conocemos desde siempre, pero significa mucho para mí que me hayas incluido aquí». Nunca sabré cómo lo hace con una simple curva de sus labios y un poco de contacto visual.
—Bueno —le digo—, deberías saber que he sido la anfitriona de todo esto para poder invitarte a conocer a mis amigos. —Solo cuando lo digo en voz alta me doy cuenta de que es verdad. Esto es lo que hace Elliot conmigo: saca la honestidad de esas partes revueltas de mi cerebro.
Sus ojos se estrechan, los iris florecen cuando sus pupilas se convierten en puntos de luz bajo las nubes.
—¿Es eso cierto?
—¿Por qué me hiciste retroceder? —le pregunto en cambio. Ni siquiera sé qué quiero que diga aquí. ¿Cómo me sentiré si dice que ha entrado en razón y se da cuenta de que tengo razón, de que solo podemos ser amigos? Una parte traicionera de mí espera que no lo descubra.
—Quería preguntarte algo.
Mi pecho es una selva; mi corazón es el tambor. ¿Estoy emocionada o aterrorizada?
—Solo me preguntaba cuándo podríamos reunirnos la próxima vez —dice.
—Oh. —Parpadeo por encima de su hombro hacia los imponentes eucaliptos que se balancean en el cielo cada vez más oscuro—. Creo que tengo algo de tiempo libre cerca de Acción de Gracias.
Asiente con la cabeza y mi corazón se desploma un poco. ¿Por qué he dicho eso? Acción de Gracias parece muy lejano.
Se aclara la garganta y dice:
—Andreas se va a casar en diciembre...
—¿Diciembre? —Parece un mes extraño para una boda. Además, está mucho más lejos que el Día de Acción de Gracias, si es cuando piensa que saldremos después.
—La víspera de Año Nuevo, en realidad —aclara—, y me preguntaba si querías venir conmigo.
Año Nuevo.
Año Nuevo.
Realmente me está preguntando eso.
Y, por su mirada, sé que es consciente del peso de esa cita.
Pero en lugar de dirigirme a esa bestia, le pregunto:
—¿No quieres salir hasta diciembre?
Veo cómo la emoción de esto pasa por sus ojos color avellana.
—Por supuesto que sí. —Él ríe—. Estoy libre casi siempre que quieras salir. Pero como es un día de fiesta, quería preguntarte con antelación si vendrías.
—No puedo ir como tu cita.
Elliot sacude la cabeza.
—No voy a pedirte una cita, Macy, mientras tu prometido y tu futura hijastra están subiendo al coche allí mismo.
—Entonces, solo... —Me agito, buscando palabras—. ¿Para ir contigo?
—Sí —dice—, para venir conmigo. A Healdsburg. —Luego añade—: Para el fin de semana.
Sus hombros vuelven a caer como si fuera tan sencillo.
Acompañarlo.
Compartiremos el coche.
Será divertido.
Pero las palabras se instalan entre nosotros y las escucho en un tono diferente cuanto más tiempo pasa sin una respuesta de mi parte.
Ven conmigo el fin de semana.
Cuarenta y ocho horas con Elliot.
¿Cómo serán las cosas entre nosotros en dos meses y medio, cuando ya son tan confusas ahora?
Parpadeo por encima de su hombro hacia donde Sean está abrochando a Phoebe en el Prius.
—A todo el mundo le gustaría verte y yo soy el padrino, así que estaría bien tener una amiga allí conmigo —dice, luchando por sacar la conversación del borde de la muerte—. Mamá y papá han preguntado por ti... se están volviendo locos sabiendo que volvemos a estar en contacto.
—Tengo que preguntarle a Sean cuáles son los planes —digo sin ganas—. Él podría tener algún evento de arte ya agendado.
Elliot asiente.
—Por supuesto.
—¿Puedo avisarte luego?
—Por supuesto —dice con una pequeña sonrisa, un estruendo de truenos hace que su atención se centre en el cielo. Cuando vuelve a mirar hacia abajo, me siento tan estable como las ondulantes nubes de lluvia que se ciernen sobre mí. Por un momento me imagino abrazándolo. Rodeando su cuello con mis brazos y apretando mi cara contra él, respirándolo. Él se inclinaría más, dejando escapar ese pequeño gruñido de alivio que siempre emite. Lo deseo tan intensamente que se me hace la boca agua y tengo que obligarme a dar un paso atrás.
—Mejor me... —digo, señalando por encima de mi hombro.
—Lo sé —dice él, observándome, con expresión tensa.
Otro trueno.
—Que pases una buena noche, Elliot.
Y, finalmente, me doy la vuelta para irme.