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Chapter 25

Capítulo 19


Capítulo 19

Presente

Sábado, 14 de octubre

Traducido por Tati Oh

Corregido por Lyn♡

Editado por Banana_mou

—Ok, ¿es posible que esté empezando a apreciar mi uniforme? —gruño.

Sean asoma la cabeza en el dormitorio.

—¿Cuál es el problema, nena?

—Nada —le digo, arrojando otra camisa a la pila de rechazadas sobre la cama—. Es solo que no he visto a algunas de estas personas en una eternidad. Y haremos un picnic. Necesito lucir linda y coqueta porque nunca uso ropa normal. Creo que he olvidado cómo vestirme.

—¿Pensé que te habías vestido para tu cena la semana pasada con él?

—No me refiero solo a Elliot.

La sonrisa juguetona de Sean me dice que piensa que estoy llena de mierda y me hace reír, pero luego me detengo. En realidad, no se trata de verse linda y coqueta para Elliot; me ha visto de todas las formas, desde formal o vestida con overoles desliñados hasta vestida con nada en absoluto. Y tal vez sea solo una cuestión de chicas, y explicarlo hace que suene absurdo, pero quiero lucir linda para mis amigas. Pero si Sean piensa que estoy agonizando por pensar en qué ponerme para Elliot, ¿eso no debería molestarlo? ¿Al menos un poquito?

Aparentemente no, porque se agacha y regresa a la canasta de comida que está empacando para el día. Amo lo mucho que le encanta cocinar, especialmente porque está en proporción a lo mucho que odio hacerlo.

Le oigo murmurar algo en voz baja y luego entra Phoebe, dando un salto y volando sobre la pila de ropa encima del edredón.

—¿Cuándo vamos al jardín de Bojangles?

Le doy un beso en la frente.

—Al Parque Botánico. Y nos vamos en… —Miro el reloj de la mesita de noche—. Oh, veinte minutos.

—Me gusta lo que llevas puesto —dice, apuntando vagamente en mi dirección—. Papá dice que es un desperdicio de tiempo cambiarme de ropa con demasiada frecuencia.

Hay momentos en los que siento que es mi trabajo impartir algún tipo de sabiduría feminista a Phoebe pero, como de costumbre, Sean está muy por delante de mí.

Habiendo perdido interés en mi dilema sobre la moda, se derrumba dramáticamente.

—Estoy hambrienta.

—¿Quieres que te traiga algo? Vi algunas fresas más temprano.

Ella arruga la nariz.

—No gracias, le preguntaré a papá.

Se pone de pie justo cuando Sean grita desde la otra habitación, habiéndonos escuchado.

—Tengo un plátano que puedes comer, Applejack. Todas las fresas han sido empacadas para el picnic.

Y antes de que seguir hablando con ella, Phoebe ya ha salido por la puerta y ha entrado en la otra habitación. Cuando lo pienso, tal vez he pasado media hora con ella en toda la semana. Siempre me digo a mí misma que tener una presencia materna es un gran problema para ella, pero como acabamos de ver, ¿soy eso siquiera? ¿Y ella lo necesita? Me pregunto si lo que Sean le murmuró antes de que ella entrara fue un recordatorio de que necesita hacerme sentir bienvenida, y venir a saludar.

Dios, estoy siendo ridícula. Pero, en realidad, Sean y Phoebe parecen completamente independientes, como un pequeño dúo. Nunca me sentí así con mi papá. Nos amábamos, por supuesto, pero sin mamá los dos estábamos perdidos, con los brazos extendidos mientras intentábamos encontrarnos cada día.

Me pregunté millonésimas veces acerca de Ashley y qué tipo de esposa ella debe haber sido para Sean, un tiempo antes de que él se convirtiera en el nuevo artista de moda en San Francisco, cuando todavía era un artista muerto de hambre, casado con una mujer de camino al éxito con un MBA en finanzas. Sé que Phoebe llegó antes de lo que habían planeado y cuando Ashley aún estaba escalando a la cima. ¿Estaba alguna vez en casa? ¿Crio Sean a la pequeña Phoebe, sin descuidarla, hasta que entrara al colegio, de la forma en que mi mamá me crio?

¿Qué tan diferente habría sido mi vida si papá hubiera estado más en casa cuando yo era pequeña? ¿Qué tan diferente hubiera sido si él hubiera muerto cuando yo tenía diez años, y no mamá?

Me siento mal de solo pensarlo, como si hubiera deseado estar en una realidad alterna en la que moriría mi padre primero. Apesadumbrada, digo con tranquilidad «No quise decirlo» al aire a mi alrededor, queriendo recoger cualquier cosa mala que haya expulsado. Aunque él haya partido también.

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Sean y Phoebe se entretienen con un juego de veo-veo durante el corto trayecto hasta el parque. Sabrina y Dave nos esperan con la pequeña Viv adentro de un complicado artilugio tipo cochecito. Sean, Dave y los niños van al parque para encontrar un buen lugar, mientras Sabrina y yo esperamos a los demás cerca del estacionamiento.

Observo a los dos hombres mientras se alejan, admirándolos desde atrás.

—Son buenos hombres —digo, y luego me giro para encontrar a Sabrina mirándome intensamente—. ¿Qué?

—¿Cómo estas? —dice ella—. Te ves sexy hoy.

Echo un vistazo a lo que finalmente decidí usar para este inusualmente cálido día: una camiseta blanca sin mangas, unos lindos jeans arremangados y un collar de oro. Habiendo dejado mi larga cabellera en un moño artística e intencionalmente desordenado, me pregunto si tal vez no lo intenté demasiado, sabía que el collar era mucho. Sabrina está usando unos viejos pantalones rasgados y una camiseta de lactancia.

—¿Me esforcé demasiado? Me preocupa haberme olvidado de cómo vestirme.

—¿Estás nerviosa?

Niego con la cabeza.

—Emocionada.

—Yo también. Nunca me lo han presentado.

—Quiero decir que estoy emocionada por tener un día libre, pequeña facilitadora. Pero ya que lo mencionas tampoco has conocido a Nikki ni a Danny —le recuerdo.

Sabrina se ríe, acercándose para poder poner su brazo alrededor de mis hombros.

—Sé que los conoces desde la primaria, pero creo que ambas sabemos por quién siento mucha curiosidad.

Miro hacia atrás, hacia donde Sean y Dave desaparecieron de la vista.

—Sean parece cero extrañado por el asunto de Elliot.

—¿Eso no es bueno?

Me encojo de hombros.

—Seguro. Pero aún me siento culpable por lo mucho que he pensado en Elliot y en el pasado, y luego, cuando hablo con Sean al respecto, él dice: «Esta bien, amor, no es gran cosa». ¿Pero tal vez sea porque no estoy siendo totalmente honesta con él acerca de lo que siento al volver a ver a Elliot? Aunque —agrego, pensando en voz alta—, Sean asumió de inmediato que era algo más que ponerme al día con un viejo amigo cuando lo mencioné, pero ni siquiera se molestó en realidad. ¿Eso es raro?

Sabrina responde a mi balbuceo con una mirada de impotencia. Al menos no soy yo la única confundida.

Gruño.

—Probablemente lo estoy pensando demasiado.

—Oh, seguramente. —Escucho el giro en su voz, la completa falta de convicción, pero no tengo tiempo para cuestionarla porque veo a Nikki y a Danny caminando hacia nosotras. Comenzando a trotar, corro hacia ellos, lanzando primero mis brazos a Nikki y luego a Danny.

Aunque regresé al Área de la Bahía hace unos seis meses, no los había visto todavía, y es maravillosamente surrealista ver cómo han cambiado, e incluso más aún, ver cómo no lo han hecho. A Nikki la conocí en tercer grado cuando éramos compañeros de curso, y sus padres claramente hicieron un mejor trabajo que la mayoría al entrenarla porque su amiga perdió a su madre el año siguiente, si bien Nikki no siempre sabía qué decir, tampoco dejaba de intentarlo. Danny se mudó a Berkeley desde Los Ángeles cuando estábamos en sexto grado, por lo que se perdió lo peor de mis angustias y posteriores torpezas sociales, pero él siempre ha estado al final de los eventos de bajo dramatismo, pasando inadvertido de todos modos.

Y para los ojos que no la han visto en casi siete años, Nikki luce increíble. Ambas tenemos sangre sudamericana, pero mientras yo heredé la baja estatura y la piel oscura de Mamá en vez de la estatura y tez clara de papá, Nikki tiene piel clara y ojos verdes, y ha tenido un cuerpo naturalmente curvilíneo toda su vida. Ahora parece la capitana de algún deporte competitivo de alto octanaje.

Por el contrario, Danny se parece a cualquier otro chico de veintiocho años que vive en Berkeley: ligeramente delgado, sonriente, levemente desaseado.

Recién estamos comenzando a ponernos al día; resulta que Nikki está entrenando chicas en baloncesto en Berkeley High, y Danny es un programador que trabaja desde casa, cuando mi atención cae sobre el hombro de Sabrina.

Veo una figura que sale de un adorable Honda Civic azul, agarra un suéter desde el asiento trasero y comienza a avanzar directamente hacia nosotros con su tradicional paso largo y uniforme. Sé que me ha visto, y me pregunto si sus extremidades se tambalean al igual que las mías cuando lo veo.

—Elliot llegó —digo, captando la vacilación nerviosa de mis palabras un minuto demasiado tarde para detenerlas.

—Aquí vamos —se canta para sí misma, y ni siquiera puedo apartar los ojos el tiempo suficiente para mirarla.

—¿Elliot-Elliot? —pregunta Nikki con los ojos muy abiertos—. ¿Como en Elliot secreto?

Danny se vuelve y mira.

—¿Quién?

—Oh, Dios mío —susurra Nikki—. Esto es tan emocionante ahora.

—¡El mismo! —Sabrina aplaude, y me doy cuenta de que ahora Elliot está frente a una pared de mujeres y Danny, todos esperando con grandes sonrisas su llegada.

—¿Elliot es el novio de Macy? —pregunta Danny por un costado de su boca, y luego se vuelve hacia Sabrina, entre todos nosotros, y agrega—: Oh, espera, este es el tipo de las vacaciones.

—Elliot fue su novio —confirma Sabrina con alegría y escándalo susurrado.

—Durante unos diez minutos —le recuerdo.

—Durante unos cinco años —me corrige—. Y considerando que solo tienes veintiocho, eso es una gran parte de tu vida amorosa.

Gruño, preguntándome por primera vez si todo esto es una terrible idea.

Sabrina ha visto a Sean tres veces y, aunque insiste en que sí le gusta, admite que él es extrañamente superficial para ser un artista y no le da muy buena vibra. No ayuda el hecho de que ella conoció a Dave en nuestro primer año en Tufts y salieron durante siete años antes de casarse, por lo que un período de dos meses antes del compromiso es insondable para ella. Simplemente activa su alarma.

Antes de Sean, tuve algunas relaciones, pero como me recuerda Sabrina, yo era la amiga molesta que podría encontrar fallas en cualquiera. No se equivocaba. Solo por recordar: Julián era extrañamente apegado a su guitarra. Ashton besaba terriblemente y, sin importar cuán adorable o divertido llegara a ser, era imposible pasarlo por alto. Jaden tenía un problema con la bebida, Matt era demasiado loco y Rob era demasiado emocional.

Después de conocer a Sean, Sabrina me preguntó qué creía que estaba mal en él. Y claro, llevando solo un par de meses juntos y en la más profunda etapa de enamoramiento, mi respuesta fue un semi-borracho:

—¡Nada!

Pero en el espacio privado de mis propios pensamientos, realmente no puedo culparla por pensar que Sean no es muy cálido. Él es genial cuando se trata de eventos sociales, pero sé que es algo distante. Responde preguntas usando las menos palabras posibles, muestra un interés limitado en mis amigos, deja que las conversaciones emocionales duren unos tres minutos antes de cambiar de tema y, exteriormente, no es muy afectivo con nadie más a excepción de Phoebe.

Pero, no sé. Hay algo confortable en esa reserva. Tiene sentido para mí porque, por mucho que permitiera que Elliot entrara en mi espacio de emociones mentales, nunca dejé entrar a nadie más después. Fue muy difícil. Tal vez sucedió lo mismo para Sean con Ashley; estamos igual de destrozados. En el espectro de los hombres progresistas, Sean y Elliot son tan diferentes como podrían ser.

Necesito un Sean en mi vida.

Necesito un Elliot tanto como un agujero en la cabeza.

Elliot aparece con una sonrisa que nos refleja, mirándonos por turno.

—¿Asumo que este es el comité de bienvenida?

Sabrina da un paso adelante con la mano extendida. Sus palabras salen fuertes y jadeantes.

—Soy Sabrina. Yo era la compañera de cuarto de Macy en la universidad y he querido conocerte desde siempreeeeeee.

Se echa a reír, mirándome con las cejas arqueadas.

Pongo mi mano en su hombro, susurrando ante la escena:

—Baja un poco las revoluciones.

Elliot opta por darle un abrazo en lugar de un apretón de manos. Sabrina es alta pero Elliot la empequeñece, envolviéndola en sus brazos, que son sorprendentemente musculosos, bronceados y tonificados más allá de las mangas cortas de su negra camiseta. Acerca su cara a la de ella mientras se abrazan y me doy cuenta, con ese movimiento, de que Elliot acaba de ganarse el cariño de Sabrina por toda la eternidad. Nadie ama un buen abrazo más que ella.

—Bueno —dice, retrocediendo y sonriéndole—, es un placer conocerte al fin.

Sabrina parece que se va a desmayar de júbilo. Volviéndose, Elliot me mira con expectación.

—Ella es Nikki —le sugiero, señalando—. Y este es Danny.

Veo la reacción que se mueve a través de la expresión de Elliot, en respuesta a los nombres que ha escuchado durante tanto tiempo, pero rostros que solo ha visto en fotos.

—Ah, Ok —dice, sonriendo y estrechando la mano de Danny antes de abrazar a Nikki—. He escuchado mucho acerca de ti.

Me río, porque todo lo que ha escuchado es sobre los dramas de la secundaria. Me pregunto si está pensando en lo mismo que yo, en el lado salvaje de Nikki y en las incómodas erecciones de Danny. Elliot me mira a los ojos y el brillo me dice que tengo razón. Reprime una sonrisa y me muerdo el labio para hacer lo mismo.

—Está bien —digo—, vamos a buscar la comida.

Dave y Sean encontraron un bonito lugar a la sombra. Phoebe está dibujando tranquilamente sobre una manta, Viv está dormida en el cochecito, y ambos están conversando, pero puedo ver a Dave lanzarle a Sabrina una mirada de rescate mientras nos acercamos. Eso me hace proteger la llamarada que Sean enciende dentro de mí, pero la sensación se ve empapada por una oleada de adrenalina cuando se pone de pie, se limpia las manos en los vaqueros y se acerca a nosotros. Hacia Elliot.

¿Qué estoy haciendo?

Primero le presento a Sean a Nikki y Danny, lo más simple. Danny está claramente desconcertado por lo que está pasando cuando me oye decir la palabra prometido, y mira a Elliot como si se hubiera perdido algo importante.

Sean se vuelve hacia Elliot y la estática zumba a mi alrededor. La tensión es clara en Elliot también: en sus hombros y en su frente. Sean está tan relajado como siempre.

—Sean, él es Elliot —digo, agregando inexplicablemente—, mi amigo más antiguo.

—¡Oye! —dice Nikki, y Danny le corea el sentimiento tan pronto como entiende lo que dije.

Me río.

—Lo siento, no quise decir eso. Yo solo…

Elliot sale a mi rescate y dice:

—Encantado de conocerte, Sean. —Mientras se acerca para estrechar la mano de Sean y, Dios, esto es tan incómodo. En tantos niveles.

Sean sonríe con facilidad y me guiña un ojo.

—¿Pensé que yo era tu amigo más antiguo?

Todo el mundo se ríe cordialmente de esto y Sean suelta la mano de Elliot, volviéndose para poner un beso enorme en mi boca. Y en serio, ¿qué diablos? ¿Sean está celoso o no? Me pilla tan desprevenida que ni siquiera cierro los ojos, los que vuelan directo a la cara de Elliot. Su pecho se mueve hacia atrás con la fuerza de una inhalación sorpresiva. Se recupera moviéndose rápidamente, sentándose junto a Phoebe y Dave, presentándose. Cuando Sean se aleja de mí, escucho el profundo tenor de la voz de Elliot preguntando a Phoebe qué está dibujando.

La nostalgia borra mis pensamientos, me lleva de regreso a cuando Elliot se sentaba con la bebé Alex así, observando con gentileza, alabando en voz baja. Ahora toma un crayón y pregunta a Phoebe si le enseñará a dibujar flores como esas.

—Explosión de ovario —murmura Sabrina en mi oído, fingiendo estar besando mi mejilla.

—Algo así —susurro, limpiándome las manos en los jeans. Pienso que realmente estoy sudando.

Desempacamos la comida, repartimos sándwiches, bebidas y fruta a todos. La conversación se calma tan pronto como Nikki comienza a hablar de baloncesto, porque Dave es un ex jugador profesional de baloncesto y, gracias a Dios, están aquí los dos, porque traen el entusiasmo necesario para cualquier buen picnic. Cuando Viv se despierta, Phoebe la abraza y la alegría en sus ojos nos convierte en un montón de adorables y aduladores murmullos. Con todo, funcional tal como debería funcionar un picnic: comer, hablar, tener pequeñas batallas de insectos y la semi-incomodidad de sentarse sobre mantas en el césped.

Pero algo irreparable ha sucedido en mi corazón. Esta vacilación en mis convicciones comenzó con el sexo que apenas pude tener con Sean la otra mañana, y continúa rasgando por la mitad hoy con ambos aquí. Sé que Sabrina se da cuenta de las miradas que Elliot y yo no podemos dejar de compartir. Quizás ella también nota la forma en que Sean y yo apenas interactuamos.

Me está golpeando este extraño momento en el que Elliot está aquí. Él está aquí. Está de nuevo frente a mí, accesible. Podría extender la mano y tocarlo. Podría arrastrarme hasta él, en su regazo, siento el calor de sus brazos a mi alrededor.

Aún podría ser mío.

¿Por qué no tuve reacción cuando debería haberla tenido, dos semanas atrás?

Recuerdo todas las cosas que me han pasado desde nuestra separación y, a excepción de la muerte de Papá, nada más se siente tan significativo. Es como si la vida estuviera en espera, estaba avanzando, haciendo cosas, pero no estaba viviendo en realidad. ¿Es terrible o fantástico? No tengo ni idea.

La mano de Sabrina se posa sobre la mía en la manta de picnic y la miro a los ojos, preguntándome cuánto lee en mi cara.

—¿Estás bien? —pregunta, y yo asiento, forzando una sonrisa y deseando como el infierno creer en esa afirmación.