Capítulo 14
Pasado
Lunes, 28 de julio
Catorce años atrás
Traducido por Lyn♡
Corregido por ♡Herondale♡
Editado por Banana_mou
Nuestro primer verano con la cabaña, mi padre y yo estuvimos allí casi todos los días, haciendo solo un viaje a casa a finales de julio, para una visita de su hermano, Kennet.
Kennet tenía dos hijas y su esposa, Britt, cuya idea de afecto era una mano ahuecada alrededor de mi hombro. Así que cuando me acerqué a ella, susurrando con leve horror que pensaba que había comenzado mi período, ella me trató con la esterilidad emocional anticipada: comprándome una caja de toallas sanitarias y tampones y haciendo que su hija menor Karin me explicara, torpemente, el proceso de uso básico.
Papá estuvo mejor, pero no por un margen muy amplio. Una vez que regresamos a la cabaña ese fin de semana, hizo referencia a la lista de mamá donde, en el punto veintitrés, había escrito:
Cuando Macy comience su período, asegúrate de que no tenga preguntas sobre lo que está sucediendo con su cuerpo. Sé que es incómodo, meu amor, pero ella necesita saber que es increíble y perfecta, y si yo estuviera allí le contaría la historia del sobre marcado con el 23.
Papá lo abrió, con las mejillas rosadas.
—Cuando yo… —Tosió, corrigiéndose—. Tu madre la tuvo… ah…
Agarré la carta de sus manos y subí las escaleras hacia la comodidad de mi biblioteca.
Solía tener los peores calambres, comenzó, y la vista de su escritura hizo que mi pecho doliera.
Llegaban en los momentos más inesperados. De compras con mis amigas o en una fiesta de cumpleaños. El midol12 ayudaba cuando lo descubrí, pero lo que más ayudó fue visualizar el dolor evaporándose de mi estómago.
Me lo imaginaba una y otra vez, hasta que el dolor disminuía.
No sé si funcionará para ti, o si necesitarás esto pero, si lo haces, imagina mi voz ayudando. Estarás tentada a odiar esto que hace tu cuerpo pero es la forma en que tu cuerpo te dice que todo está funcionando, y eso es un milagro.
Pero, sobre todo, meu docinha, imagina lo orgullosa que estoy de compartir esto contigo. Estás creciendo. Comenzar mi período fue el proceso que finalmente me permitió quedar embarazada de ti, cuando estuve lista.
Trata a tu cuerpo con cuidado. Cuídalo. No dejes que nadie abuse de él y no abuses de él tú misma. Cada centímetro de tu piel la hice diligentemente; meses que trabajé sin descanso por ti. Eres mi obra maestra.
Te echo de menos. Te amo.
Mãe.
Parpadeé, sobresaltada. En algún momento mientras estaba leyendo, Elliot se había materializado en la puerta, pero no había visto mis lágrimas hasta que lo miré. Su sonrisa lentamente se desvaneció cuando dio un paso, y luego dos, más cerca de mí, arrodillándose en el suelo al lado de donde me senté en el futón.
Sus ojos buscaron los míos.
—¿Qué pasa?
—Nada —dije, moviéndome en mi asiento cuando doblé la carta. La miró antes de verme a mí.
Casi quince años, y ya era demasiado perceptivo.
Cada vez me molestaba más y más que nuestra vida cotidiana fuera una extraña incógnita entre nosotros. Nos dábamos actualizaciones cada vez que nos reuníamos aquí. Con quién pasamos tiempo, qué estábamos estudiando. Hablábamos de quién nos irritaba, a quién admirábamos. Y, por supuesto, compartíamos nuestras palabras favoritas. Conocía los nombres de mis dos amigos más cercanos, Nikki y Danny, pero no sus rostros. Aunque había visto sus rostros en la fotografía de su habitación, yo tenía la misma limitada información sobre los amigos de la escuela de Elliot. Sabía que Brandon era callado y calmado, y Christian era un criminal esperando por ser atrapado. Aquí, leíamos, hablábamos y aprendíamos el uno del otro con el tiempo, pero ¿cómo podía contarle sobre lo que me estaba pasando?
No era solamente que tuve mi período mucho más tarde que todas mis amigas, o que incluso papá estaba luchando para relacionarse conmigo, o que mi madre estaba muerta, o algo de eso. O tal vez era todo. Amaba a mi padre más que a nada, pero estaba muy mal equipado para todo de esto. Sin lugar a dudas, sabía que estaba abajo, caminando, escuchando el sonido de mi voz para saber si había tenido razón al dejar que Elliot subiera, o si sus instintos estaban equivocados.
—Estoy bien —dije, con la esperanza de haber hablado lo suficientemente fuerte como para que las palabras llegaran al piso de abajo. Lo último que quería era tenerlos a ambos aquí, preocupándose por mí.
Frunciendo el ceño, Elliot tomó mi cara con sus manos en un movimiento que me sorprendió y sus ojos buscaron los míos.
—Por favor, dime qué pasa. ¿Es tu papá? ¿La escuela?
—Realmente no quiero hablar de eso, Ell. —Retrocedí un poco, limpiándome la cara. Mis dedos quedaron mojados, explicando el pánico de Elliot. Debo haber estado realmente llorando cuando entró.
—Nos contamos todo aquí, ¿recuerdas? —A regañadientes retrocedió—. Ese es el trato.
—No creo que quieras saber esto.
Me miró fijamente, sin inmutarse.
—Quiero saberlo.
Tentada a engañarlo, lo miré a los ojos y le dije:
—Comencé con mi período.
Parpadeó varias veces antes de enderezarse. El color se extendió desde su cuello hasta sus pómulos.
—¿Y estás molesta por eso?
—No estoy molesta. —Me mordí el labio, pensando—. Aliviada, sobre todo. Y luego leí una carta de mi madre y ahora… ¿estoy un poco triste?
Sonrió.
—Eso sonó muy parecido a una pregunta.
—Es solo que toda tu vida escuchas sobre períodos. —Hablar de esto con Elliot en realidad… no era tan malo—. Te preguntas cuándo va a suceder, cómo será, si te sentirás diferente después. Cuando a tus amigas les llega el suyo, piensas: «¿Qué está mal conmigo?» Es como una pequeña bomba de tiempo biológica encerrada dentro de tu cuerpo.
Se mordió el labio, tratando de sofocar una risa incómoda.
—¿Hasta ahora?
—Sí.
—Bueno, ¿y entonces? ¿Sientes algo diferente?
Sacudí la cabeza.
—En realidad, no. No como pensé que lo haría, de todos modos. Se siente como si algo estuviera tratando de roer su camino fuera de mi estómago. Y estoy un poco irritada.
Elliot levantó la manta y se arrastró a mi lado, envolviendo su brazo alrededor de mis hombros.
—No voy a ser de ninguna ayuda, pero supongo que debo estar feliz por ti.
—Estás siendo muy maduro y muy no chico sobre esto. Esperaba menos compasión y más torpeza. —Me aturdí por el calor de su cuerpo y la sensación de su brazo a mi alrededor.
Exhaló una risa en mi cabello.
—Tengo una hermanita en camino y una madre que insiste en que es mi trabajo enseñarles los pormenores, ¿recuerdas? Así que necesito que me expliques todo.
Me acurruqué a su lado, cerrando los ojos contra el ardor de lágrimas que sentí.
—¿Hay algo que pueda hacer? —preguntó en voz baja.
Una opresión se asentó fuertemente en mi pecho.
—No, a menos que puedas traer a mi mamá de vuelta.
El silenció nos rodeó y lo escuché inhalando en preparación unas cuantas veces antes de hablar. Finalmente, se conformó con un simple:
—Ojalá pudiera.
Asentí contra él, inhalando el agudo olor de su desodorante, el persistente olor de su sudor juvenil, el olor a algodón mojado de su camiseta por la carrera de quince pies a través de la lluvia de verano desde su porche hasta el mío. Es tan raro que solo escucharlo decir eso me hizo sentir un millón de veces mejor.
—¿Quieres hablar de eso? —susurró.
—No.
Su mano recorrió un suave camino hacia arriba y hacia abajo por mi brazo. Sabía, sin tener que buscar demasiado lejos, que no había otros chicos como Elliot en ninguna parte.
—Lamento que estés de mal humor.
—Yo también.
—¿Quieres que te traiga una botella de agua tibia? Hago eso para mi mamá.
Sacudí la cabeza. Quería que mi mamá estuviera aquí, leyéndome su carta.
Se aclaró la garganta, preguntando en voz baja:
—¿Porque haría que se sintiera como si fuera tu novio?
Tragué saliva y mi estado de ánimo cambió en un instante. «Novio» no parecía cubrirlo. Elliot era una especie de amigo del alma.
—¿Supongo?
Se sentó, todavía con sus brazos flacos y las piernas largas y torcidas, pero se estaba convirtiendo en algo nuevo, algo más… hombre que niño. A los casi quince años, tenía una manzana de Adán y una incipiente barba en la barbilla, sus pantalones eran demasiado cortos. Su voz se había profundizado.
—Supongo que somos demasiado jóvenes para eso.
Asentí y traté de tragar, pero mi boca se había secado.
—Sí.