No fueron sus ojos ni su apariencia lo que llamaron mi atención, fue su voz: delicada, suave, pero al mismo tiempo segura y varonil. Nunca pensé que alguien pudiera llegar a interesarme de esta forma con tan solo el sonido de su voz, con algo tan simple como eso. Tal vez se debía al hecho de que era lo único a lo que tenía acceso desde las cuatro paredes de mi cuarto, lo que creaba una mezcla perfecta de circunstancias.
Mi nombre es Klara, sí, con K; he lidiado con muchas aclaratorias a causa de eso, solo mi nombre es una fuente de conversaciones incómodas, ya pueden imaginar cómo ha sido mi vida.
Soy Klara con K, la chica que lleva setenta y seis días sin ser capaz de salir de su casa, y fiel radioyente del programa de radio Sigue mi voz.
U N O
El sonido de las palomitas de maíz en el microondas me distrae, el olor se expande por toda la cocina e invade mi olfato. «Hmmm, delicioso», pienso mientras sonrío, vertiendo la Coca-Cola en mi vaso.
Este es mi momento favorito del día, lo único que me emociona de todas las horas que paso en esta casa. Saco las palomitas del microondas y tomo el vaso con la otra mano para caminar a mi habitación. A esto lo llamo la caminata de la felicidad.