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Chapter 17

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Rowan

Mi teléfono vibra en la esquina de mi escritorio. Lo tomo y abro el mensaje sin ver de quién es. Sólo hay una persona que me envía mensajes en horas de trabajo y seguro que no son mis hermanos.

Me sorprende que Zahra sea capaz de hacer su trabajo con tantas interrupciones. Cuestionaría su ética de trabajo, pero basándome en algunas de las marcas de tiempo de sus mensajes, está despierta más allá de la hora en que me acuesto.

Zahra: ¡¡¡Buenos días!!!

Zahra: Tengo otra reunión este viernes y mis bocetos parecen sacados de un kínder.

Yo: Dale un poco más de crédito a los niños de kínder. Sus dibujos no son tan malos.

Me recuesto en mi silla y espero, luchando contra una sonrisa de satisfacción.

Zahra: ¿Recuerdas cuando dijiste que nunca te habían llamado gracioso en tu vida?

Yo: Sí.

Zahra: Resulta que todo el mundo tiene razón. Eres horrible.

Yo: ¿Es así como pides favores?

Zahra: Me alegro de que lo preguntes, porque ya tengo lista mi próxima oferta.

Por supuesto que sí. No esperaba menos de ella.

Zahra: Te invito una pizza y un six de tu cerveza favorita si me ayudas. ¡Te lo suplico!

Ella no pregunta antes de enviar una foto. Tiene razón. Cualquier maqueta que haya creado es absolutamente horrible. Apenas puedo distinguir la idea que tenía originalmente.

Yo: ¿Es un gato moribundo? Es un poco morboso para un parque temático infantil, ¿no crees?

Zahra: Ja. Ja. Ja. Se supone que es un dragón amenazante, para tu información artística.

Yo: Al menos has dado en el clavo en la parte terrorífica.

Ella sigue mi mensaje con un solo emoji de cuchillo. 🗡

Yo: ¿Estás amenazando mi vida? Eso es algo que RH no vería con buenos ojos.

¿Ahora la estoy amenazando en broma con Recursos Humanos? Estoy jodido. Tan positivamente jodido.

Zahra: Se me resbaló el dedo. Quería enviar esto.

Sigue con una serie de manos rezando. Dibujo mi sonrisa con el pulgar.

Zahra: 🙏🙏🙏

Yo: Mentirosa.

Zahra: Muy bien, te estás haciendo el difícil, así que aquí está el plan C.

Yo: Sólo faltan dos para vender tu riñón.

Zahra: ¡¡De verdad prestas atención!!

Zahra: Pero creo que no podrás resistirte a este, así que mi órgano vital podría estar sano y a salvo si sólo aceptas.

Zahra: ¿Qué te parece pizza, cerveza y un año de acceso ilimitado a mis cuentas de streaming de televisión? Ni siquiera cambiaré la contraseña en unos meses para fastidiarte.

Se me escapa un suspiro de risa. Su oferta es ridícula, sobre todo teniendo en cuenta que he sido yo quien ha adquirido cualquier servicio de streaming por el que merezca la pena pagar una suscripción. Es mi orgullo.

Sin embargo, me impresiona su perseverancia a pesar de todos mis rechazos.

Zahra: ¿Aceptas el reto?

Yo: Cuéntame más sobre tu idea y lo pensaré.

Todas las sirenas de mi cabeza suenan al unísono, advirtiéndome que me aleje de ella. Sin embargo, no encuentro la voluntad de enviar un mensaje de seguimiento revocando mi oferta.

Me manda una ráfaga de mensajes explicando su idea para la nueva montaña rusa de Princess Cara. Sus textos están llenos de una pasión intrigante, y me encuentro perdido en su mundo por un momento.

Zahra tiene una forma de soñar que me embriaga. Me dan ganas de crear junto a ella y diseñar algo que dé vida a su visión. Y eso por sí solo es aterrador.

Debería apartarla definitivamente, pero me gusta que piense que sólo soy un tipo al que le gusta dibujar cosas al azar. Mi alias se está convirtiendo en una adicción a pesar de los riesgos de acercarme a ella. Pero no puedo encontrar en mí la posibilidad de asignar un animador para trabajar con ella, por mucho que deba hacerlo. Hay algo en su forma de hablarme que me hace olvidar mi apellido por un momento.

Porque no tiene ni idea de que es su jefe.

Un sentimiento agrio ocupa un lugar en mi estómago, pero no puedo encontrar en mí el cambiar la circunstancia y admitir quién soy. No me siento tan culpable.

La profesionalidad vuela por la ventana mientras dejo el dibujo de Scott. Sólo hay una razón para la pérdida de control y el trasero curvo de Zahra es el culpable de todo.

Debería aclararme la garganta y llamar su atención. Debería darme la vuelta y volver más tarde, cuando no esté tirada en el suelo, tecleando en su portátil con el trasero mirando al techo como si tuviera que ser bendecido por el mismísimo Dios.

El calor se extiende desde mi pecho hasta la zona de debajo de la hebilla del cinturón. Me reajusto la chaqueta para asegurarme de que no se note nada alarmante, pero eso no soluciona la extraña sensación que se extiende por mi cuerpo.

La llamo por su nombre, pero su cabeza sigue moviéndose al son de los auriculares.

Me pongo en cuclillas como si no llevara unos pantalones que valen un mes entero de alquiler. Los ojos de Zahra permanecen cerrados mientras sus labios se mueven en silencio al ritmo de cualquier canción. No sé qué me lleva a arrancar uno de los auriculares y llevármelo a la oreja. En el pequeño altavoz suena ABBA.

Huh. No es lo que esperaba.

Sus ojos se abren y mi mirada se dirige a sus labios separados. Me siento atraído por ella como una polilla a la llama. Es apropiado, dado que actúo como un completo idiota a su alrededor, que está dispuesto a arriesgarlo todo por un momento de su luz.

La forma en que me mira me tienta a besarla de nuevo. ¿Qué tiene de malo probar si nuestro primer beso abrasador fue una casualidad? Tal vez fue producto de la adrenalina acumulada y de un ardiente deseo de probar algo prohibido.

Me inclino hacia delante. Es sólo un centímetro, pero parece que estoy traspasando concreto para acercarme a ella.

¿Desde cuándo te importa algo prohibido? Mis ojos se posan en sus labios.

Ahora mismo estoy mirando mi razón.

—¿Rowan? —Ella cierra su portátil, matando mi momento.

Me sacudo la lujuria mientras me pongo de pie y le ofrezco la mano a Zahra. Se aferra a ella y la misma energía crepita entre nosotros. Su respiración llena el pequeño espacio y mi mano se estrecha alrededor de la suya antes de soltarla.

Mira el portafolios de piel que tengo en mis manos. —¿Qué es eso

Lo abro y tomo el dibujo. —Toma. Me dijeron que te diera esto.

Me lo quita de las manos con dedos codiciosos. Toda su cara se transforma en otra cosa mientras evalúa el dibujo. La sonrisa que desprende me hace sentir como si estuviera mirando directamente al sol, hermoso pero cegador. Un ardor se extiende por mi cuerpo, empezando por el cuello y extendiéndose hasta la polla.

¿Cómo puede una mirada suya hacerme sentir todo esto?

Frunzo el ceño. La idea de volver a perder el control sobre mí mismo me hace alejarme de Zahra.

Saca su teléfono del escritorio y teclea en la pantalla.

—¿Todo bien? —Pregunto.

Su sonrisa de antes se atenúa. —Sí. ¿Eres amigo de Scott o algo así?

Mi espalda se pone rígida. —¿Por qué?

—Porque no pareces el tipo de hombre que tiene tiempo para dejar papeles que no tienen nada que ver contigo. ¿No se supone que estás ocupado o algo así?

—O algo así. —Hago una mueca.

Pone los ojos en blanco con una sonrisa. —Qué sensible.

El insulto hace que mis puños se hagan bolas a los lados. —Tienes razón. Tengo mejores cosas que hacer que servir como tú mensajero personal. Si Scott no tiene el valor de enfrentarse a ti, es su problema, no el mío.

La mentira se desliza por mis labios con facilidad.

—Oh, claro. No hay problema. Le enviaré un mensaje yo misma. —Aunque su sonrisa es una versión más tenue de la anterior, sigue haciendo que se me apriete el pecho.

Realmente necesito salir de aquí. Mis ojos permanecen concentrados en la salida mientras dejo atrás a Zahra sin más compañía que una sarta de mentiras.