Aunque me cueste admitirlo, me da miedo que ese grupo de chicas ande por ahí o alguien que las conozca este en detención con Diego y les diga que estaba con él.
No estoy en el salón de detención. estoy ayudando a la profesora de Arte a recoger las pinturas del auditorio, no esta tan mal mi castigo.
Otro mensaje de él me llega:
No me has dicho donde estabas, Y, ¿Por qué tantas preguntas?
¿Estas bien?
Yo: Si, estoy bien, es solo que no tengo con quien irme a casa y pensé que tal vez podrías llevarme, sino puedes, no te preocupes.
Diego: Claro que puedo, así aprovecho de llevarte a probar la mejor gelatina de fresa del mundo.
Y ahí, con los ojos hinchados de tanto llorar, sonrío.
Diego: Ven al auditorio, casi termino y así nos vamos de aquí, y estamos la Sra. Mann y yo.
Le escribo ok y me levanto, masajeando mis mejillas en un intento fútil de que mi cara no luzca tan roja. Tomo una respiración profunda y abro la puerta del salón, saco la cabeza para asomarme y asegurarme que el pasillo este vacío, y salgo en dirección al auditorio.