Nada.
Ese mensaje me confirma lo que más he temido: Ya no quiere hablar conmigo, ¿Por qué querría hacerlo? Ya vio cómo luzco, el desastre de chica que soy con peluca y figura casi esquelética.
¿De verdad pensante que un chico como él se sentiría atraído hacia ti? La voz cruel en mi mente vuelve.
No le respondo porque está claro que no quiere hablar conmigo, tampoco soy tonta. Pongo mi teléfono debajo de mi almohada y me acuesto, mis ojos sobre el oscuro techo.
Mi pecho arde y el estómago se me revuelve un poco porque duele, y mucho. Esta sensación de rechazo, de desilusión es mucho más desgarradora de lo que pensé que sería. Aunque he tratado de mantener mis expectativas con Kang a raya, no he podido evitar ilusionarme sobretodo después de lo bien que la pasamos hoy.
Que idiota he sido.
Mi teléfono repica bajo mi almohada, y reviso la pantalla para ver una llamada entrante de Kang. Mi corazón roto despierta y late con esperanzas de nuevo.
—¿Aló?
—Hola.
Esa voz... ¿Cómo es que una sola palabra es suficiente para derretirme? No se que decir, lo escucho suspirar y me muerdo el labio inferior.
—¿Qué pasa, Kang?— tengo que preguntar, ignorar que le pasa algo no me llevará a ningún lugar productivo.
—Nada, solo...— hace una pausa, y su voz es diferente, —Lo siento, Klara, he sido un idiota hoy.