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Chapter 14

Capítulo 8


Capítulo 8

Pasado

Viernes, 21 de diciembre

Hace quince años

Traducido por Haze

Corregido por ♡Herondale♡

Editado por Banana_mou

Como si papá supiera que yo estaba sensible después de la conversación sobre «Navidad Sin Mamá» con Elliot, estuvo incluso más callado de lo habitual en la cena del jueves por la noche.

—¿Quieres ir a Goat Rock mañana? —preguntó cuando terminó su pollo.

Goat Rock, la playa ventosa donde el Russian River choca con el Océano Pacífico. Es notoriamente fría, con una peligrosa corriente de resaca8 que hace que la playa sea insegura para incluso meterse en el agua, y hay tanta arena en el aire que es casi imposible asar hot-dogs.

Me encantó.

A veces, leones marinos y focas elefante holgazaneaban en la desembocadura del río. Las algas oscuras e irrealmente translúcidas bañaban la orilla cargadas de sal. Su extravagancia era de otro mundo. Las dunas de arena salpicaban la costa y en el centro de la playa, en un estrecho istmo, estaba una solitaria roca gigante que sobresalía más de treinta metros como si hubiera sido aventada allí.

—Podrías invitar a Elliot, si quieres —agregó.

Lo miré y asentí.

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Durante todo el viaje hasta allí Elliot estaba inquieto. Se movió en su asiento, tiró del cinturón de seguridad, se pasó la mano por el pelo y se tocaba la gorra. Después de unos diez minutos, dejé de intentar concentrarme en mi libro.

—¿Qué tienes? —siseé desde el asiento trasero.

Miró a papá en el asiento del conductor y luego a mí.

—Nada.

Sentí más de lo que vi a papá mirando por el espejo retrovisor para ver qué estaba pasando en el asiento trasero.

Me quedé mirando las manos de Elliot, ahora tomando entre ellas la correa de su mochila para jugar. Se veían diferentes. Más grandes. Aún se veía muy delgado, pero también me sentía tan cómoda con su torpeza que ya no lo notaba a menos que realmente le pusiera atención.

Papá se detuvo en el estacionamiento y salimos, sorprendidos por cómo el viento casi nos derriba. Nos pusimos los abrigos de un tirón, tapándonos las orejas con las gorras.

—No bajen más allá de la roca —dijo papá, sacando su propio vicio –un paquete de cigarrillos daneses– de su bolsillo. Nunca fumó cerca de mí; oficialmente dejó de fumar tan pronto como mamá se enteró de que estaba embarazada. El viento empujó su cabello rubio sobre su rostro y él lo sacudió, mirándome con los ojos entrecerrados, diciendo sin palabras, «¿estás bien esto?». Asentí. Se metió un cigarrillo entre los labios y agregó.

—Y al menos a cinco metros de distancia de las focas.

Elliot y yo caminamos penosamente por una duna de arena, parados en la cima, y miramos hacia el océano.

—Tu padre me intimida muchísimo.

Me reí.

—¿Porque es alto?

—Alto —concordó—. Y callado. Tiene una presencia bastante dominante.

—Simplemente dice mucho más con los ojos que con la boca.

—Desafortunadamente para mí, no hablo danés ocular.

Me reí de nuevo y vi el perfil de Elliot mientras observaba las olas rompiendo.

—No sabía que fumaba —dijo.

—Solo un par de veces al año. Supongo que es su lujo privado.

Elliot asintió y soltó:

—Está bien, mira. Te traje un regalo de Navidad.

Gruñí.

—Siempre agradecida Macy. —Con una sonrisa comenzó a caminar de regreso por el otro lado de la duna de arena hacia la playa y, en ese momento, noté un pequeño paquete envuelto debajo de su brazo. Caminamos a través de arena gruesa, madera flotante y pequeñas colinas de algas antes de llegar a un pequeño valle, protegido en su mayoría del viento.

Sentado, colocó el paquete en ambas manos y lo miró fijamente. Por la forma, me di cuenta de que era un libro.

—No esperaba que tú me regalaras nada —dijo, nervioso—. Siempre estoy pasando el rato en tu casa los fines de semana que estás aquí, así que siento que te debo una.

—No me debes nada. —Hice mi mayor esfuerzo para aplastar la emoción que sentí de que me trajera un libro. No solo porque es lo que hacíamos juntos, leer, sino por lo que le dije anoche, sobre mamá y los regalos—. Sabes que siempre puedes venir. No tengo hermanos. Solo somos papá y yo.

—Bueno —dijo, entregándome el paquete—, a lo mejor es por eso que conseguí esto.

Curiosa, abrí el papel y miré hacia abajo. Casi pierdo la envoltura por culpa de una brutal ráfaga de viento.

«Puente a Terabithia».

—¿Lo has leído? —preguntó Elliot.

Negué con la cabeza y me aparté el pelo de la cara.

—He escuchado sobre él. —Lo vi exhalar tranquilamente, con alivio—. Creo.

Asintió y parecía más tranquilo, se inclinó para recoger una piedra y arrojarla al oleaje.

—Gracias —le dije, aunque no estaba segura de que me escuchara por encima del rugido del océano.

Elliot miró hacia arriba y me sonrió.

—Espero que te guste tanto como a mí. Siento que yo podría ser tu May Belle.