A pesar de que es sábado, Kamila obtuvo un arreglo con la directora de la preparatoria a la que asistiré el lunes para dejarnos venir hoy y permitirme familiarizarme con el lugar sin los ojos indagadores de docenas de adolescentes. Fue una recomendación del Dr. B, alegando algo de un proceso de adaptación sutil y cuidadoso.
No puedo negar que estoy aterrada, me sudan las manos, y cadenas de pensamientos negativos van y vienen a cada rato pero cuando quiero darme por vencida y volver a mi cuarto, ese lugar de cuatro paredes que se ha convertido en mi lugar seguro, pienso en Kamila llorando, en las palabras de mi madre, recuerdo que si, será imposiblemente difícil pero que si quiero recuperarme también tengo que poner de mi parte.
Muchas veces las personas que sufren de ansiedad, depresión o algún otro trastorno, esperan alguna especie de cura mágica o que las personas a su alrededor lo resuelvan y la triste realidad es que si no pones una onza de empeño o esfuerzo, sin importar que tanto te ayuden, no podrás salir de eso. No digo que no cuesta inmensamente poner ese pequeño esfuerzo, porque se siente imposible pero si puedes.
"¿Sabes qué es lo bueno de tocar fondo, de estar ahí en lo más bajo? Que la única opción que te queda es subir."
Las palabras de mi madre siempre me acompañan. Ella era tan sabia, una excelente mujer, emprendedora, llena de amor y dulzura para dar. Pongo mi mano en la ventana, sintiendo el calor del sol a través del vidrio, la extraño tanto.
Andy estaciona el auto, frente al aviso grande que dice:
"Preparatoria Cooper. Hogar de los Panteras."