S E I S
Erick es un idiota.
No es nada personal, ni tampoco tiene que ver con el hecho de que extrañe el programa de Kang; la personalidad de Erick es irritante: es de ese tipo de persona que hace comentarios machistas o desagradables sin darse cuenta y piensa que es gracioso. Solo lo escuché el primer día que Kang se fue, por darle una oportunidad, pero no, Erick simplemente no le llega ni a los talones; no sé cómo puede ser locutor con esos comentarios tan inapropiados.
Apenas han pasado tres días desde que no tengo mi programa favorito y, aunque estoy desmotivada, no es tan malo como pensé. Creo que los pequeños lamiendo mis manos en este momento tienen mucho que ver con eso. La vecina me deja cuidar de los cachorros de Drew, su perra, cuando está en el trabajo, mientras arreglan la cerca de su casa; no quiere que los perritos vuelvan a escapar y puedan resultar heridos.
Soy una niñera de perritos y nunca pensé que cuidar cachorros pudiera ser tan terapéutico. Me siento en el sofá y ellos enseguida escalan y se suben sobre mi regazo y a un lado. Yo les acaricio las orejas y la cabeza.
—Ustedes son maravillosos, ¿lo saben? Por supuesto que lo saben —les digo, sonriendo—. Ustedes me quieren sin importar el desastre que soy o como luzco, creo que no hay amor más sincero que ese.
Estoy de buen humor nuevamente, no sé si es por los perritos o porque he podido salir al frente de la casa sola después de lo que pasó con ellos. Un aire de normalidad es refrescante y se siente muy bien; solo falta una cosa para que todo