Capítulo 5
Presente
Miércoles, 4 de octubre
Traducido por Dani Fray
Corregido por ♡Herondale♡
Editado por Banana_mou
Siento como si me hubiera roto unos puntos durante la noche. Todo dentro de mí se siente como si estuviera en carne viva, como si me hubiera magullado un órgano interno. Sobre mí, el techo se ve soso; manchas de agua se arrastran a lo largo de las grietas de araña en el yeso que irradian desde la lámpara. El ventilador da vueltas perezosamente alrededor y alrededor del congelado globo. Al girar, las hojas cortan el aire imitando la exhalación rítmica de Sean mientras duerme a mi lado.
Chh.
Chh.
Chh.
Estaba dormido cuando llegué a casa alrededor de las dos esta mañana. Por una vez, estaba agradecida por las largas guardias; no sé cómo me hubiera sentado durante la cena con él y Phoebe cuando todo en lo que podía pensar era en Elliot apareciendo ayer en el cumpleaños de Saul.
Tuve un momentáneo sentimiento de culpa anoche en el bus a casa, cuando el caos de mi turno estaba lentamente desvaneciéndose de mis pensamientos y el encuentro con Elliot se abrió camino. En una explosión de pánico, me pregunté qué tan grosero fue de mi parte el no presentarle a Elliot a Sabrina.
Tan jodidamente rápido regresa, al frente y al centro.
Sean se despierta cuando me muevo para frotarme la cara, rodando hacia mí, acercándome con su mano alrededor de mi cadera pero, por primera vez desde que me besó el pasado mayo, sentí como si estuviera traicionando algo.
Gimiendo, me alejo y me siento, apoyando los codos en las rodillas al lado de la cama.
—¿Estás bien bebé? —pregunta, acercándose por detrás y descansando su barbilla en mi hombro.
Sean ni siquiera sabe sobre Elliot. Lo que es una locura cuando pienso sobre ello porque, si me voy a casar con él, debería saber todo sobre mí, ¿no? Incluso si no hemos estado juntos tanto tiempo, las cosas importantes deberían de ser habladas de frente, y gran parte de mi adolescencia no trata de nada más que de Elliot. Sean sabe que crecí en Berkeley, pasé muchos fines de semana en el país del vino de Healdsburg y tuve buenos amigos ahí. Pero no tenía idea de que conocí a Elliot cuando tenía trece, me enamoré de él cuando tenía catorce y lo empujé fuera de mi vida unos años después.
Asentí.
—Estoy bien. Solo un poco cansada.
Lo siento voltear su cabeza a mi lado y mirar el reloj, imito su acción. Son solo las 6:40 y no necesito empezar mis rondas hasta las 9:00. Dormir es una preciosa comodidad. «¿Por qué, cerebro, por qué?».
Pasa una mano por su cabello grisáceo.
—Por supuesto, estás cansada. Ven, regresa a la cama.
Cuando dice eso sé que en realidad quiere decir «Recuéstate y tengamos algo de sexo antes de que Phoebe se despierte».
El problema es que no me puedo arriesgar a la posibilidad de que hacer eso con él se sienta incorrecto ahora.
Maldito Elliot.
Solo necesito un par de días de distancia de él, eso es todo.