No puedo creer que me hayan respondido. ¿Quién lo hizo? ¿Kang? No, hablaron de Kang en tercera persona, no fue él. Tal vez alguien del equipo lo hizo. Inquieta, escribo una respuesta.
K:
Lo sé, disculpen. Envié ese mensaje sin pensar. Espero que le vaya bien a Kang esta semana.
Programa:
Muchas gracias por tus buenos deseos, mantente en sintonía.
Dejo salir un largo suspiro. Soy un desastre. ¿Qué me pasa? Necesito volver a mi realidad. Nunca debí intentar interactuar con Kang, ¿a dónde llegaría con eso? Nunca podré conocerlo, de todas formas, así que no sé por qué estoy haciendo estas cosas. Me estoy dejando llevar y eso es peligroso, solo me haré más daño a la larga.
Salgo de la habitación, caminando con la cabeza baja hasta la cocina. Abro la nevera, tomo una botella de agua y estoy a punto de volver a mi cueva cuando escucho unos pequeños ladridos, ¿o son quejidos? Me acerco a la puerta principal, pegando la oreja a la misma. ¿Son mini ladridos? Abro la puerta, un poco nerviosa, el frío de la noche colándose en la casa. El corazón se me aprieta; dos cachorros de golden retriever están jugando en la acera. Son tan hermosos, Dios, ¿de dónde han salido?
«¿Recuerdas a Drew, la perrita del vecino? Tuvo unos cachorros preciosos». Las palabras de Kamila resuenan en mi cabeza. Cierto, son los perritos del vecino, pero
¿qué hacen fuera tan tarde? Mi corazón da un vuelco cuando uno de ellos cae de la acera a la calle y un carro le pasa por el lado, casi pisándolo.
—Oh no.